4 de abril,

El testimonio de un cantor

La Biblia en un año: Rut 1-4, Lucas 8:1-25

¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría. . . . --Salmo 104:24.


Un pájaro pequeñito, la curruca menor, pasa los veranos en Alemania y los inviernos en África. A medida que los días se hacen más cortos, las avecillas adultas se van al sur dejando atrás a sus pequeñuelos. Varias semanas después, los pequeños vuelan por miles de kilómetros de tierra y mares desconocidos para reunirse con sus padres.

¿Cómo encuentran un lugar que no conocen para nada? Los experimentos han revelado que tienen un conocimiento instintivo de longitud y latitud, y la capacidad de seguir la dirección por las estrellas. Dios les ha dado un calendario, un reloj, y toda la información navegacional que necesitan para volar miles de kilómetros y estar al lado de sus padres.

El evolucionista dice que nuestro sorprendente y complejo mundo se desarrolló por casualidad. Pero ¿es esto más fácil de aceptar que creer que Dios creó a esa increíble curruca, y miles de otras criaturas? Para mí, atribuir eso a la casualidad es absurdo.

La sabiduría de Dios se observa llanamente en las obras de su creación. Su obra en la naturaleza habla tan fuertemente de su existencia y poder que Pablo la usó como argumento para establecer la culpabilidad y condenación del hombre. Escribió que el hombre no tiene excusa si no responde por fe al Dios que lo hizo todo (Romanos 1:20).

Nuestro Creador merece nuestro reconocimiento y alabanza.

SI NO PODEMOS VER LA MANO DE DIOS EN LA NATURALEZA ESTAMOS ESPIRITUALMENTE CIEGOS.

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