15 de abril,

Receptores generosos

La Biblia en un año: 1 Samuel 27-29, Lucas 13:1-22

. . . ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?. . . --Juan 4:9.


En Juan 4:1-15 leemos que Jesús estaba cansado, tenía hambre y sed. Como Hijo de Dios pudo haber satisfecho sus propias necesidades físicas. Pudo haber obtenido su propia comida y agua para tomar. Pero Jesús no insistió en hacerlo todo por sí solo.

En esta ocasión, sus discípulos habían ido a una ciudad cercana a comprar comida mientras Él se quedó sentado junto al pozo para descansar y esperar. Y cuando una mujer samaritana de carácter cuestionable fue a sacar agua, Él hizo lo que muchos de nosotros pensaríamos dos veces antes de hacer: le pidió de beber.

Durante años me perdí de una importante lección en la vulnerabilidad de nuestro Señor hasta que Él me enseñó el sutil egoísmo de no dejar que otros me ayuden. Un día, una amiga trató de hacer algo amable para mí, y como de costumbre, resistí. Frustrada dijo: «¿Sabes qué? ¡No eres una receptora generosa!»

Lo vi instantáneamente. Aunque era correcto, siempre había tratado de vivir por las palabras de Jesús: «Más bienaventurado es dar que recibir» (Hechos 20:35). El problema era que en mis intentos de no ser egoísta, siempre había tratado de ser la dadora.

Otros desean experimentar la bendición de dar, pero a menudo los frustramos rechazando su ayuda. Aprendamos a ser receptores generosos. . . igual que Jesús. --JEY

SÉ TAN GENEROSO AL RECIBIR COMO LO ERES AL DAR.

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