22 de abril,

Los límites de la vista

La Biblia en un año: 2 Samuel 14-15, Lucas 17:1-19

. . . bienaventurados los que no vieron, y creyeron. --Juan 20:29.


«Ver para creer», dice el refrán. Pero si creemos sólo lo que vemos, nunca conoceremos a Dios ni experimentaremos su presencia.

Viajé a Inglaterra cuando se hablaba mucho de la epidemia de la fiebre aftosa. En la casa había leído las noticias de los periódicos de los trágicos efectos que había tenido en los agricultores. Había visto informes por televisión de animales sacrificados que quemaban y enterraban para intentar detener la propagación de la enfermedad. Pero mientras viajaba por tren de Londres a Devon, vi muchos rebaños de ovejas sanas y hatos de ganado en los campos. Por ninguna parte vi señal alguna de advertencia contra la fiebre aftosa. ¿Debía creer lo que veía o los informes de fuentes confiables?

Después que Jesús resucitó de entre los muertos, Tomás se negó a creer los informes de que estaba vivo. Dijo que a menos que tocara las marcas de los clavos en las manos de Jesús, y la herida en su costado, no creería (Juan 20:24-25). Cuando el Señor apareció a los discípulos ocho días después, Jesús dijo a Tomás: «Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron» (v.29).

Aunque no hemos visto a Jesús aceptamos por fe la palabra de testigos confiables, recibimos al Señor vivo, y creemos. --DCM

LA FE VE LO QUE NO VE LA VISTA.

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