4 de agosto,

El único de pie

La Biblia en un año: Salmos 66-67, Romanos 7

Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. –Daniel 3:18.


Asistí a un culto en una iglesia protestante. Anunciaron el himno de apertura, y como de costumbre, me puse de pie para cantar. Todo el mundo se quedó sentado. ¡Imagínate qué vergüenza! ¡Yo era el único de pie!

Sadrac, Mesac y Abed-nego también se quedaron solos, pero por razones muy diferentes. El rey Nabucodonosor construyó una estatua de 30 metros de altura, la colocó en el campo de Dura, y ordenó a la gente que se inclinara ante ella y la adorara al escuchar la música (Daniel 3:1-5).

La estatua de oro brillaba bajo el sol de la tarde. La música sonaba, y todo el mundo bajó la cabeza al suelo, ¿verdad? ¡No! Los tres jóvenes de Israel todavía estaban de pie (v.12).

¿Sabes lo que pasó? El rey se puso furioso. Ordenó que calentaran el horno siete veces más de lo normal y mandó a que tiraran en él a los rebeldes. Pero éstos no se quemaron. Fueron vistos caminando en medio de las llamas... y no estaban solos. Otra persona (tal vez el Hijo de Dios -dijo el Rey) estaba en el fuego con ellos (v.25).

Como seguidor de Cristo, cuando alguien se incline ante ídolos de orgullo, codicia, lascivia o prejuicio, defiende lo correcto. Él estará contigo, incluso cuando seas ¡el único que esté de pie!

CUANDO DES LA CARA POR CRISTO NO ESTARÁS SOLO.

 

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