13 de agosto,

Puerta y corazón abiertos

La Biblia en un año: Salmos 87-88, Romanos 13

Amaos los unos a los otros con amor fraternal... practicando la hospitalidad. –Romanos 12:10,13.


Viajé a Minsk, la capital de Bielorrusia, para hablar en una conferencia regional de pastores. Fue uno de esos raros viajes en que todo salió bien. Los aviones llegaron y salieron a tiempo. No hubo problemas para pasar por aduanas. Me trataron cálida y generosamente.

Mis anfitriones del viernes en la noche eran la familia de mi chofer, y me brindaron una bondadosa hospitalidad. Cuando me llevaron a su pequeño apartamento, su esposa y tres de sus hijos me dieron la bienvenida. El mayor, un chico, y dos niñas más pequeñas, me entretuvieron mientras su mamá terminaba una buena pero modesta cena que probablemente les costó el presupuesto alimentario de dos semanas. Luego, la hija mayor, Anastasia, de 13 años de edad, llegó de su clase de dibujo. Al poco rato me estaba mostrando sus trabajos, y me ofreció un dibujo. Yo escogí uno con dos gatos, pues pensé que a mis nietos les gustaría.

Después de cenar fuimos a un cuarto pequeño donde el chico me tocó su violoncelo. Luego Anastasia cantó una canción que había compuesto, y entonces todos cantamos.

Para un visitante que estaba lejos de casa, extrañando a sus seres queridos y con un calendario bien agotador, el calor de aquella familia fue muy especial. Cuando pienso en su amor y bondad, pido a Dios que me ayude a «practicar la hospitalidad» (Romanos 12:13) como lo hicieron ellos. –DCE

LA HOSPITALIDAD PUEDE LLENAR EL VACÍO DE UN CORAZÓN SOLITARIO.

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