23 de agosto,

Un cuerpo

La Biblia en un año: Salmos 113-115, 1 Corintios 6

... somos miembros los unos de los otros. –Efesios 4:25.


Las luchas encarnizadas entre familias son tan antiguas como la raza humana, y tan extendidas como la gripe común. Igual que la gripe, una vez empiezan infectan a los demás. Es insidioso lo fácilmente que empiezan las luchas, cuánto duran y el daño que pueden hacer. A finales del siglo XIX, dos familias, una en Kentucky y otra en West Virginia, pelearon durante casi 20 años, y hubo 12 muertos.

No todas las luchas son tan abiertas. Pueden ser tan sutiles como un insulto menor. Una vez que comienzan pueden dañar poco a poco familias, iglesias y relaciones de toda una vida hasta destruirlas.

Pablo conocía los efectos mortales que las luchas podían tener en una congregación. Así que recordó a sus lectores de Éfeso: «somos miembros los unos de los otros» (Efesios 4:25).

¿Hay algún cristiano con quien estés enojado o amargado, a quien ya no le hablas? ¿Alguien de quien eras amigo una vez pero con quien has permitido que alguna ofensa convierta a tu amigo en enemigo? Escucha lo que dice Pablo: «Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo» (Efesios 4:31-32).

Decide hoy que vas a hacer todo lo que puedas, con la ayuda de Dios, para edificar puentes en vez de muros entre tú y los demás, y llegar a otras personas.

NUESTRA UNIÓN CON CRISTO ES LA BASE DE LA UNIDAD DE UNOS CON OTROS.

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