29 de agosto,

Atrapado y limpio

La Biblia en un año: Salmos 126-128, 1 Corintios 10:19-33

Quien nos salvó [Dios] y llamó con llamamiento santo.... –2 Timoteo 1:9.


Hay una pequeña iglesia en las montañas al oeste de Boise, en el estado de Idaho, que hace poco celebró su centenario. Parte de la celebración fue una representación teatral de la historia de su iglesia. La gente del pueblo se vistió con ropa de la época y representó a los pastores que en el transcurso de los años sirvieron a la congregación.

Uno de los antiguos ministros fue representado por un viejo maderero que había vivido una gran parte de la historia de la iglesia. El maderero llegó a creer en Cristo como resultado del ministerio de ese pastor.

Habló de los esfuerzos que hizo el pastor para ganárselo: un hombre que bebía mucho y tenía una vida dura sin ningún interés en el evangelio; un hombre que una vez dijo que «nunca había conocido a un predicador que le cayera bien».

Una vez, el pastor se encontraba orando y quejándose de que nunca se había ganado al maderero para Cristo, y que incluso si se lo ganaba, no sabría qué hacer con él. La respuesta del Señor le vino de una manera que la pudo entender: «No te preocupes por nada. Tú lo “atrapas” y yo lo “limpio”.»

Es un privilegio hablar a la gente de Cristo. La salvación es un «llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia» (2 Timoteo 1:9).

Si seguimos pescando, vamos a «atrapar» a algunos y Dios limpiará al más inmundo... igual que lo hizo con nosotros.

ES IMPOSIBLE HABLAR DE CRISTO A LA PERSONA ERRADA.

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