30 de agosto,

Almas y estrellas

La Biblia en un año: Salmos 129-131, 1 Corintios 11:1-16

Oh Jehová, ¿qué es el hombre, para que en él pienses...? –Salmo 144:3.


¿Cuántas estrellas hay en la vasta expansión del cielo? Con la ayuda de telescopios, los astrónomos han descubierto galaxias sobre galaxias y racimos de estrellas gigantes que hacen que nuestro planeta parezca una partícula de polvo. A veces, ese conocimiento puede abrumarnos con una sensación de máxima insignificancia.

Siglos antes de que se inventara el telescopio, David se dio cuenta de que el valor no se mide por el tamaño. Después de todo, una tonelada de tierra es mucho más grande que un diamante de diez kilates, pero eso no hace que una montaña de tierra sea más valiosa que un puñado de diamantes.

Nosotros los humanos, aunque pequeños si se nos compara con el tamaño del universo, somos los objetos de la preocupación sacrificatoria del Creador. Como exclamara con agradecimiento Pablo: «Vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2:20). Sí, cada uno de nosotros tiene una etiqueta con el precio del Calvario.

Imagínate una balanza. Pon todas las estrellas en un lado y tu propia alma en el otro. En el sistema de valores de Dios, tu alma pesa más que las estrellas.

Dale gracias a Dios porque te quiso amar con el amor sin medida del Calvario. ¿Le has confiado tu inapreciable alma a su eterno cuidado?

LA MUERTE DE CRISTO ES LA MEDIDA DE LO QUE VALES PARA DIOS.

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