7 de Diciembre,

Ruido contaminante

La Biblia en un año: Daniel 5-7, 2 Juan

Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. –Colosenses 3:8.


La profanidad y el lenguaje crudo se están volviendo más comunes en los programas de televisión de las horas que atraen más público. Muchos escritores y productores parecen estar interesados en estirar los límites de cuánta inmoralidad y habla ofensiva el público va a permitir.

El lenguaje profano y vulgar es ruido contaminante de la peor clase. Deshonra a Dios y denigra a hombres y mujeres. La conversación que se realza con maldición, malas palabras y expresiones crudas y sucias oscurece la belleza de las ideas nobles. Puede infligir un dolor duradero a las almas sensibles que son maltratadas con abuso verbal.

El lenguaje impío crea una atmósfera inmoral y antiespiritual que es hostil al pensamiento y la vida limpia. Su sonido ensordecedor puede lograrlo todo excepto ahogar la voz del Espíritu de Dios. Es por eso que la Palabra de Dios dice claramente qué clase de lenguaje no debe salir de los labios de los seguidores de Jesús (Colosenses 3:8), así como la clase de lenguaje que debe caracterizar nuestra habla (4:6).

Hace siglos, el salmista ofreció una oración que sería sabio imitar: “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios” (Salmo 141:3). Esa oración se necesita hoy más que nunca.

LA PROFANIDAD DESHONRA AL QUE LA USA Y DENIGRA AL QUE LA ESCUCHA.

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