13 de diciembre,

Cuando todo se pierde

La Biblia en un año: Oseas 12-14, Apocalipsis 4

Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. –Filipenses 3:7.


Me encontraba buscando cosas en el garaje de mi hijo y encontré los trofeos que ganó en sus años de competencia atlética. Estaban allí, en una caja, a punto de ser tirados a la basura. Pensé en la sangre, el sudor y las lágrimas que se habían derramado para ganar aquellos premios, y sin embargo, ahora los estaba poniendo en la basura. Ya no tenían valor para él.

Me recordó un extraño poema infantil escrito por Shel Silverstein llamado “Héctor el Recolector”. Describe todas las cosas que Héctor recolectó en el transcurso de los años. Él “las amaba más que a los brillantes diamantes, más que al oro resplandeciente”. Luego Héctor llamó a todos sus amigos: “Venid y compartid mi atesorada valija.” Y todo el mundo “vino, la miró y la llamó porquería”.

Así sucederá al final de nuestras vidas. Todas nuestras posesiones –las cosas por las que nos hemos pasado la vida trabajando– no serán más que basura. Entonces es cuando sabremos con certeza que las mejores cosas de la vida no son cosas.

Pero podemos tener ahora la perspectiva correcta, como la tenía Pablo. “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo” (Filipenses 3:7). Podemos mantener la debida actitud acerca de nuestras posesiones porque poseemos la excelente grandeza de conocer a Cristo Jesús nuestro Señor. –David Roper

NUESTRAS MAYORES RIQUEZAS SON LAS QUE TENEMOS EN CRISTO.

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