18 de diciembre,

Al fin en casa

La Biblia en un año: Abdías, Apocalipsis 9

... cada uno recibirá su alabanza de Dios. –1 Corintios 4:5.


Una pareja de misioneros ancianos que habían servido a Dios durante 50 años en una villa remota del África regresaron a los Estados Unidos para disfrutar de una bien merecida jubilación. Sin embargo, cuando llegaron no había nadie para recibirlos a causa de una confusión en la oficina de misiones. No había nadie que les ayudara con sus maletas y baúles, ni nadie que los mudara a su casa. El anciano señor se quejó con su esposa diciendo: “Hemos vuelto a casa después de todos estos años, y no hay nadie a quien le importe.”

La amargura del hombre aumentó cuando se establecieron en su nuevo hogar. Su esposa, un poco cansada de sus quejas, le sugirió que hablara del asunto con Dios. Así que el hombre se fue a su habitación y se puso a orar. Cuando salió tenía un nuevo aspecto en el rostro, lo cual hizo que su esposa preguntara qué pasó.

“Bueno –contestó él– le dije a Dios que había regresado a casa y que a nadie le importaba.” “¿Y qué te dijo Dios?” –preguntó ella. “Dijo: “Todavía no has llegado.”“

Tal vez tú también trabajes en un sitio adonde nadie te nota ni le importa lo que has hecho. Pero Dios ve y sí le importa. Un día, cuando lleguemos a nuestro hogar celestial, “cada uno recibirá su alabanza de Dios” (1 Corintios 4:5). Mientras tanto, seamos fieles (v.2).

EL MUNDO RECOMPENSA EL ÉXITO; DIOS RECOMPENSA LA FIDELIDAD.

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