11 de enero,

Nuestras más profundas necesidades

La Biblia en un año: Génesis 27-28, Mateo 8:18-34

...Mi corazón se regocija en Jehová, ...mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salvación. –1 Samuel 2:1.


Trata de pedirle a un chico de 15 años que disfrute un «tiempo de familia» con sus padres un viernes por la noche. Pregúntale por qué no se alegra de jugar juegos de mesa con su hermanita mientras sus amigos van todos a un juego de pelota en la escuela.

Su frustración podría ser similar a la de Ana, que no tenía hijos, cuando su bien intencionado esposo le preguntó: «¿No te soy yo mejor que diez hijos?» (1 Samuel 1:8). Parece que él no entendía sus necesidades, que no se daba cuenta de que ella estaba luchando con otras cosas, además de su incapacidad de tener un bebé. Esa era razón suficiente para estar molesta, pero creo que había más.

De la misma forma en que un chico de 15 años desea ser aceptado por sus amigos, la profunda necesidad de Ana era tener la aprobación de Dios. Una mujer sin hijos en su cultura se sentía deshonrada por Dios porque pensaba que Él le estaba negando su participación en el cumplimiento de la promesa del Mesías.

Ana estaba dispuesta a dar a su hijo al servicio de Dios a cambio de saber que Él no la había rechazado. Su oración fue finalmente contestada, y su corazón rebosaba de gozo (2:1-10).

Podemos aprender de esta piadosa mujer. Las relaciones humanas son importantes, pero nuestra necesidad crítica es saber que tenemos la aprobación de Dios. Sólo Él puede satisfacer nuestras más profundas necesidades.

CUANDO SÓLO NOS QUEDA DIOS DESCUBRIMOS QUE DIOS ES SUFICIENTE.

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