13 de febrero,

Lo bueno y lo malo de las riquezas

La Biblia en un año: Levítico 14, Mateo 26:51-75

No me des pobreza ni riquezas ... no sea que me sacie, y te niegue... O que siendo pobre, hurte... –Proverbios 30:8-9.


El otro día recibí una carta que decía que todavía estoy incluido en el gran concurso millonario de la revista Selecciones. Imagino que a los millones de personas que recibieron ese aviso les gustaría ganar. Pero ganar todo ese dinero podría no ser bueno para algunos de nosotros. Las riquezas repentinas podrían hacernos daño espiritualmente.

Agur, el escritor de Proverbios 30, no pidió riquezas a Dios. Tenía miedo de que al hacerse rico pudiera sentirse autosuficiente y tratar de vivir sin Dios (vv.8-9).

Sin embargo, algunas personas muy piadosas de la Biblia tenían grandes riquezas. Muchos israelitas eran muy ricos, y gracias a ello pudieron dar abundantemente para la construcción del templo. Esto llevó a David a declarar: «Las riquezas y la gloria proceden de ti» (1 Crónicas 29:12).

Podemos dar gracias por lo que algunos cristianos ricos hacen con su dinero. Conozco a una familia que da cientos de miles de dólares a las causas cristianas todos los años. ¡Cuánto bien hacen sus riquezas!

No obstante, sigue siendo cierto que no a todos nosotros se nos pueden confiar grandes riquezas. Así que no pongas el corazón en ellas. Más bien da gracias a Dios por lo que tienes y conténtate. Luego hónralo fielmente con lo que Él te ha dado.

LAS RIQUEZAS SON UNA BENDICIÓN DOBLE CUANDO SE USAN PARA BENDECIR A LOS DEMÁS.

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