26 de febrero,

Cumple tu palabra

La Biblia en un año: Números 15-16, Marcos 6:1-29

...¿quién habitará en tu tabernáculo?... El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia. –Salmo 15:1,4.


En 1989, la cadena CBS presentó una mini serie de TV llamada Lonesome Dove [Paloma solitaria]. Es una historia que absorbe tu atención. Se trata de dos antiguos guardias montados de Tejas en el antiguo Oeste que encuentran muchos peligros mientras conducen un hato de ganado en dirección norte hacia Montana. En la mini serie, el capitán Woodrow Call acepta cumplir el último deseo de su amigo Gus McCrae de enterrar su cuerpo en Tejas.

Mientras viajaba de Montana a Tejas, a Call le preguntaron muchas veces por qué había emprendido un viaje tan peligroso. En una ocasión, el capitán sencillamente mira a quien le pregunta y dice despacio: «Le dí mi palabra.» Se produce una pausa larga cuando los dos hombres se miran a los ojos. Entonces el extraño dice: «Se nota que sí.» El capitán asiente con la cabeza y da la vuelta.

Ese momento fue potente porque captó el carácter de Woodrow Call. Sus creencias, palabras y acciones eran una. «Le dí mi palabra» lo decía todo.

El salmista describió una persona de integridad como aquel «que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia» (Salmo 15:4). Eso significa que mantenemos nuestra palabra incluso si nos cuesta mucho hacerlo. Si aceptamos realizar una tarea, debemos hacerla. Si prometemos orar por alguien, debemos hacerlo. Si prometemos «amar, honrar y respetar hasta que la muerte nos separe», debemos cumplir nuestra promesa.

Cumplir la palabra es señal de nuestra integridad.

HAY UNA COSA QUE EL CRISTIANO DA Y TAMBIÉN DEBE MANTENER: SU PALABRA.

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