23 de julio,

Imitación de fe

La Biblia en un año: Salmos 33-34, Hechos 24

... este pueblo... con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí.... –Isaías 29:13.


Los turistas de todos los tiempos han visitado la famosa Acrópolis, la antigua ciudadela ubicada en la cumbre de una colina de Atenas. Miles de visitantes de todo el mundo han recogido trozos de mármol como recuerdo.

¿Por qué no se ha terminado todavía el suministro? La respuesta es muy sencilla. De vez en cuando llega un camión cargado de fragmentos de mármol procedente de una cantera que queda a kilómetros de distancia. La carga se esparce por toda el área de la Acrópolis. Así, los turistas se van a casa contentos con lo que creen son auténticas piezas de historia antigua.

Podemos engañarnos con otras clases de imitaciones. El lenguaje, la música, los objetos y cultos religiosos nos pueden engañar y hacer que imaginemos que estamos experimentando una relación personal con Dios, cuando en realidad simplemente estamos haciendo cosas por rutina.

Durante la época del profeta Isaías, muchos israelitas habían caído en una rutina. Por eso Dios les dijo: «No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir...» (Isaías 1:13-14).

La posibilidad de un engaño religioso demanda un examen personal del alma. Nuestras prácticas piadosas pueden ser únicamente imitaciones de la fe verdadera y sincera que el Señor desea.

UN HIPÓCRITA TIENE A DIOS EN SU LENGUA Y AL MUNDO EN SU CORAZÓN.

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