30 de julio,

Las paredes de los vagones

La Biblia en un año: Salmos 51-53, Romanos 2

Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer. –Marcos 8:2.


El otro día desayuné con un hombre que hace 60 años vendía periódicos y limpiaba zapatos en las calles del centro de mi ciudad. Me contó de su vida en aquellos días y de lo mucho que han cambiado las cosas. «¿Qué es lo que más ha cambiado?» –le pregunté. «La gente –dijo–. Ya no se preocupa por nada.»

Como ejemplo me habló de su madre, quien a menudo alimentaba a los hambrientos que llegaban a su casa. Todos los días preparaba comida para su familia y luego preparaba unas cuantas porciones más porque sabía que los viajeros desamparados empezarían a llegar más o menos a la hora de comer. Ella sentía una gran compasión por los que estaban en necesidad. Una vez preguntó a un hombre cómo había llegado hasta su puerta. «Su dirección está escrita en todas las paredes de los vagones de los trenes» –le dijo el hombre.

Ojalá que se pudiera decir lo mismo de todos nosotros. En la alimentación a las multitudes, Jesús nos dio un ejemplo de lo que significa preocuparse por las necesidades físicas y espirituales de los demás (Marcos 8:1-9).

Sería maravilloso que nuestras casas fueran conocidas como lugares donde la gente hambrienta puede encontrar pan. Pero más que eso, tenemos que orar para que nuestros hogares se conozcan como lugares donde los hombres, las mujeres y los niños hambrientos son amados, se les escucha y se les da el Pan de vida. –DHR

 LA EVANGELIZACIÓN NO ES MÁS QUE UN MENDIGO QUE LE DICE A OTRO DÓNDE ENCONTRAR PAN.

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