8 de junio,

Envejece con Dios

La Biblia en un año: 2 Crónicas 30-31, Juan 18:1-18

Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad. . . . --Salmo 71:18.


Podemos ver nuestra vejez como una etapa agradablemente inútil en que calificamos para beneficios de jubilación, descuentos para la tercera edad, y tenemos mucho tiempo libre para no hacer nada. O podemos verla como una época de grandes oportunidades que se puede usar para Dios. Todavía hay mucho que hacer.

Podemos ser mentores y enseñar sabiduría y virtud. La tercera edad puede señalar los caminos antiguos de una vida santa y exhortar a los creyentes jóvenes a andar en ellos (Salmo 71:18; Jeremías 6:16).

Hay poder en el ejemplo de una vida ordinaria que se vive consciente de la presencia de Dios, viéndolo en todo y haciéndolo todo para Él. Esa es la marca del alma madura: realizar las tareas ordinarias de una manera callada y humilde, viviendo con gozo, y dejando atrás la fragancia del amor de Jesús.

Incluso si nuestra jornada nos lleva a la enfermedad y la debilidad, y estamos confinados a nuestras casas y luego a nuestras camas, nuestros años de servicio fructífero no tienen por qué acabar. Todavía podemos orar. La oración es uno de los privilegios especiales de la enfermedad, y al final, puede ser su mayor beneficio. Por encima de todo, podemos amar. El amor es nuestro mejor y último regalo a Dios y a los demás.

Ser mentor, dar un ejemplo piadoso, orar y amar son las oportunidades de envejecer con Dios.

NUNCA NOS RETIRAMOS DE SER ÚTILES A DIOS.

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