13 de junio,

Morir con certeza

La Biblia en un año: Esdras 6-8, Juan 21

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. --Romanos 8:16.


En un período de unos cuantos meses visité a dos personas que estaban a punto de morir: un hombre de 82 años y una mujer de 52. Ninguno de los dos quería morir. Ambos eran muy amados por sus familias. Cada uno tenía muchas razones para querer seguir viviendo. Junto con muchos otros oré fervientemente por su sanidad, pero Dios tenía otros planes.

Tan pronto se dieron cuenta de que Dios no los iba a sanar, vi una asombrosa transformación en ellos. Ambos mostraron una calmada aceptación de la muerte. Sus rostros tomaron un brillo nuevo, y de sus labios salieron palabras de testimonio y alabanza. La paz y el gozo que irradiaban dieron consuelo a sus seres queridos y amigos.

¿Cuál era la fuente de tan absoluta certeza en los rostros de los moribundos? No fue lo que dijo o hizo ninguno de los que les ministraron, sino una gracia sobrenatural impartida por el Espíritu Santo que moraba en ellos. Pablo lo expresó así: «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios» (Romanos 8:16).

¡Alabado sea Dios! Ninguno de los que confían en Cristo y andan en comunión con Él tienen que temer la hora de la muerte. --HVL

LA MUERTE NO ES UN PUNTO FINAL, SINO SÓLO UNA COMA.

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