23 de junio,

Sonidos majestuosos

La Biblia en un año: Ester 9-10, Hechos 7:1-21

. . . oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya!. . . --Apocalipsis 19:1.


Un muchachito llamado Philip estaba caminando por la calle de una pequeña ciudad en Pensilvania cuando escuchó un sonido que nunca antes había llegado a sus oídos. Era el sonido de un piano. Philip Bliss, que entonces tenía 10 años, quedó tan encantado con el sonido que entró derechito a la casa desde la cual salía.

Cuando la mujer que tocaba el piano vio al niño, dejó de tocar. Philip dijo: «Por favor, toque un poco más.» Sin sentirse halagada por su evidente deleite, la mujer le ordenó que saliera de su casa. No había comprendido lo majestuosas que le sonaban esas notas al joven. No tenía forma de saber que un día, él se convertiría en un dotado escritor de muchos himnos bien conocidos.

Imagínate a una persona con oído para la música escuchando por primera vez una hermosa composición en el piano con sus elevadas notas y su variedad de sonidos. Ahora imagínate escuchando otro sonido musical por primera vez: un gran coro de los redimidos en el cielo. En Apocalipsis leemos que un día en los cielos, miles de voces se unirán con «arpas de Dios» cantando: «Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso» (15:3).

Puesto que esperamos formar parte de esa música celestial, empecemos ahora a alabar a nuestro incomparable Dios y Salvador, a quien debemos todo honor y toda gloria.

CANTAR ALABANZAS A DIOS NUNCA ESTARÁ FUERA DE MODA.

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