26 de junio,

Ver a Dios

La Biblia en un año: Job 5-7, Hechos 8:1-25

. . . El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. . . . --Juan 14:9.


Jesús dijo: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios» (Mateo 5:8). No obstante, el apóstol Pablo se refirió a Dios como Aquel «a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver» (1 Timoteo 6:15-16). Muchas veces he pensado en esta aparente contradicción. ¿Cómo podemos reconciliar la afirmación de nuestro Señor con las palabras de Pablo?

Creo que primero debemos reconocer que Dios es, en su ser esencial, puro Espíritu (Juan 4:24), y por tanto está presente de manera invisible en todas partes de su vasta creación (Salmo 139:7-12). Pero leemos en la Biblia que en varias ocasiones, Dios apareció a la gente de manera visible (Génesis 18:1-3). Él creó una zarza ardiente desde la cual desafió a Moisés (Éxodo 3:2). Y en la lectura bíblica para hoy se reveló la gloria de Su presencia, «y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro» (Éxodo 24:10). Dios puede aparecer en cualquier forma que Él desee, incluso al tiempo que permanece invisiblemente presente en todo el universo.

Un día en el cielo, el Dios invisible e infinito se nos hará visible generosamente. Pero ni siquiera entonces podremos mirar su gloria plena. Más bien veremos a Jesús y viviremos en su luz (Apocalipsis 21:23). Sin embargo, verlo a Él será ver a Dios, porque Él es Dios. ¡Qué futuro más bienaventurado!

PARA VER A DIOS, MIRA A JESÚS.

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