28 de junio,

«Mía es la venganza»

La Biblia en un año: Job 11-13, Hechos 9:1-21

No paguéis a nadie mal por mal. . . . --Romanos 12:17.


La vergonzosa disputa ocurrida en el siglo XIX entre las familias Hatfield y McCoy empezó con una pelea por un cerdo cimarrón. Se convirtió en una venganza que no disminuyó por décadas. Miembros de ambos clanes cometieron asesinatos brutales, y sus peleas causaron dolor a todas las familias del valle del río Tug Fork, junto a la frontera entre los estados de Kentucky y West Virginia.

William Hatfield y Randolph McCoy, los hombres que iniciaron esta amarga y destructiva violencia, fueron responsables de decenas de muertes, pero nunca fueron llevados a la justicia. Aunque ambos vivieron largas vidas, tuvieron que ser testigos del sufrimiento y la muerte de sus seres queridos.

Nuestra venganza, por muy justa que nos pueda parecer la causa, siempre es mala. Sólo Dios tiene la sabiduría y la paciencia necesarias para castigar a los malvados adecuadamente y llevarlos a la justicia. Él pisa el lagar de su ira solo (Isaías 63:3), y no necesita nuestra ayuda.

El mundo nos dice: «No te enojes, ¡véngate!» Pero Pablo nos dio esta instrucción: «No paguéis a nadie mal por mal; . . . No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor» (Romanos 12:17-19).

PODEMOS SOPORTAR LAS COSAS MALAS DE LA VIDA PORQUE SABEMOS QUE DIOS LAS ARREGLARÁ.

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