25 de marzo,

Ambición egoísta

La Biblia en un año: Josué 19-21, Lucas 2:25-52

¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques... –Jeremías 45:5.


El artista pop Andy Warhol dijo una vez que en la era de la televisión, todo el mundo tendría 15 minutos de fama. Sí, la fama puede llegarnos, pero no debemos procurarla.

La ambición egoísta es una peculiaridad terrible que se puede manifestar en una fea pasión por los «mejores asientos» y reconocimiento personal. Nos puede hacer dominar situaciones sociales e insistir en contar nuestras historias en vez de escuchar a los demás. Queremos que nos noten, queremos destacarnos, ser objeto de la atención general e intervenir.

Sin embargo, la manera de Dios es exactamente opuesta. Significa aprender a estar contentos cuando otros son elevados más que nosotros; aprender a regocijarnos cuando prefieren a otra persona y no a nosotros, y dar crédito a los demás sin insistir en recibirlo todo nosotros solos. La manera de Dios nos capacita para aceptar la humillación cuando nos tratan injustamente, y para considerar la experiencia como una «gracia disfrazada», una oportunidad de aprender la verdadera humillación.

Empezamos a aprender la manera de Dios con Jesús. Él era «manso y humilde de corazón» (Mateo 11:29) y no trataba de proteger su propia dignidad ni posición (Filipenses 2:5-8). Cuando nos apoyamos en Él una y otra vez para que nos ayude, nos parecemos más a Él. Sólo entonces podemos encontrar descanso de la lucha presuntuosa y desasosegada de la ambición egoísta.

CUANDO NO TE IMPORTA QUIÉN RECIBE EL CRÉDITO, EL BIEN QUE PUEDES HACER NO TIENE LÍMITES.

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