9 de mayo,

Despedida

La Biblia en un año: 2 Reyes 7-9, Juan 1:1-28

Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo. --Lucas 24:52.


Era la fiesta de despedida más rara. Allí estaba Jesús, quien había resucitado de la tumba hacía poco. Y allí estaban también sus seguidores, escuchando su enseñanza como lo habían hecho en tantas ocasiones. Jesús habló de la venida del Espíritu Santo (Lucas 24:49), y les dijo que su tarea sería ser sus testigos.

Entonces sucedió algo raro. Lucas dijo que Jesús condujo a sus discípulos a Betania (v.50), y mientras los bendecía, «se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo» (v.51). Marcos registró lo siguiente: «Fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios» (16:19).

Ver a Jesús ascender al cielo fue asombroso, pero lo que sucedió después también fue extraordinario. En vez de estar tristes porque Él se había marchado, los discípulos respondieron renovando su propósito. Lo adoraron (Lucas 24:52). Regresaron gozosos a Jerusalén donde oraron (Hechos 1:12-14). Luego, después de recibir al Espíritu Santo (Hechos 2), salieron y «predicaron en todas partes» (Marcos 16:20).

Aunque Jesús se había ido, el Espíritu Santo hace que Su presencia sea real de manera que nosotros también podamos adorar, orar y testificar como lo hicieron sus discípulos siglos atrás. Esas siguen siendo las mejores maneras de celebrar lo que Jesús hizo por nosotros: adorándolo, orando y testificando.

JESÚS TUVO QUE MARCHARSE PARA QUE EL ESPÍRITU SANTO PUDIERA VENIR A QUEDARSE.

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