5 de noviembre,

Rechazado

La Biblia en un año: Jeremías 34-36, Hebreos 2

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. –Juan 1:11.


El rechazo duele. Cuando el candidato a la presidencia Adlai Stevenson aceptó su derrota en las elecciones presidenciales de 1952 dijo que se sintió como un adulto a quien acababan de arrancarle el dedo gordo del pie. Y añadió: “Duele demasiado como para reírse, pero estoy muy viejo para llorar.”

Los niños pequeños sienten el dolor del rechazo cuando escogen a uno de sus compañeros y no a ellos para recitar un poema o cantar una canción. A medida que se hacen mayores, algunos no serán seleccionados para los equipos deportivos. Algunos sentirán el rechazo de la chica con la que quieren salir. Otros puede que se casen y que sus compañeros los dejen por otra persona. Tal vez se pregunten por qué el Señor permite que sean rechazados.

No tengo una respuesta fácil para la gente que ha sufrido así. Lo único que puedo hacer es sugerir que miren a Cristo, recordando que Él sufrió rechazo. Fue despreciado por sus hermanos y por sus compatriotas. Escuchó a la multitud exigir su crucifixión (Mateo 27:23). En la cruz, al cargar con nuestro pecado, sintió tal abandono por parte del Padre que clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (v.46).

Cuando sientas el profundo dolor del rechazo, recuerda que Jesús entiende cómo te sientes. Él te ama. Si has creído en Él te ha aceptado, y nunca rechazará a los que confían en Él (Juan 6:37).

JESÚS TE AMA, Y ESO MARCA LA GRAN DIFERENCIA.

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