22 de noviembre,

Ojos secos

La Biblia en un año: Ezequiel 18-19, Santiago 4

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. –Mateo 5:4.


Leí una noticia acerca de una mujer que no había derramado ni una lágrima en 18 años. La razón de sus ojos secos era física, no emocional. Los médicos dijeron que era víctima de una extraña enfermedad llamada síndrome de Sjogren. Por alguna razón desconocida, los anticuerpos atacaron sus glándulas lacrimales como si fueran organismos foráneos indeseables.

Esto me recuerda un problema espiritual que hay en el pueblo de Dios: la gente que debería y podría llorar, pero no lo hace. Necesitan aprender lo que Jesús quiso decir cuando expresó: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” (Mateo 5:4)

A veces pensamos que las lágrimas son una señal de debilidad. Pero si ese fuera el caso, ¿por qué lloró Jesús? (Lucas 19:41). ¿Por qué dijo Santiago a los cristianos que lloraran por sus pecados? (Santiago 4:9).

Es verdad que la gente expresa sus emociones de maneras diferentes. Pero las lágrimas literales no son el verdadero problema. Lo importante es la actitud del corazón. El verdadero problema es cuán profundamente percibimos las implicaciones de nuestros pecados. ¿Estamos llenos de una tristeza piadosa? ¿Nos duelen las trágicas consecuencias que nuestro pecado crea en nuestras relaciones con los demás? No me refiero a dar una apariencia falsa de tristeza, sino ¿sentimos algo de la misma tristeza que Dios siente por el mal? ¿Estamos dispuestos a volvernos del mismo? ¿O tenemos los ojos secos?

LA INDIFERENCIA AL MAL ES UN MAL GRANDE.

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