9 de octubre,

Aprende a consolar

La Biblia en un año: Isaías 32-33, Colosenses 1

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación. –2 Corintios 1:3.


Cuando se enteró de que el bebé de su mejor amiga había muerto, Andrea no sabía qué hacer. ¿Debía llamar a su amiga enseguida o esperar unos días? ¿Qué debía decir? Pidió consejo a su madre, la señora Mary Farr, quien era capellana de un hospital para niños.

“Llámala ahora mismo –le dijo su madre–. Dile que la quieres y que la vas a llamar después.” Andrea escuchó ese consejo y para su amiga fue muy significativo.

¿Cómo debemos responder cuando los que amamos sufren una pérdida? Segunda de Corintios 1:4 nos dice que Dios “nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”. Es en la escuela del consuelo de Dios donde aprendemos a entender mejor las necesidades de aquellos que sufren.

Mary Farr escribe: “Vivimos en un mundo frágil e imperfecto lleno de quebrantamiento y preguntas sin respuestas. Algunas cosas realmente no son justas. Eso es difícil.” Ella exhorta a la gente a resistir la tentación de llenar el silencio con conversación. Más bien necesitamos sentirnos cómodos diciendo: “No lo sé”, y no tratar de dar respuestas fáciles. Y cuando no hay nada que decir, limítate a sentarte junto a la persona. Cuando los amigos necesiten consuelo pídele al “Padre de misericordias” (v.3) que te enseñe qué decir y qué hacer.

DIOS NOS CONSUELA PARA HACERNOS CONSOLADORES.

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