15 de octubre,

El fino arte de calumniar

La Biblia en un año: Isaías 45-46, 1 Tesalonicenses 3

El que encubre el odio es de labios mentirosos; y el que propaga calumnia es necio. –Proverbios 10:18.


Dios aborrece a los calumniadores. Son truhanes y villanos con odio escondido en sus corazones y engaño en su boca.

Algunas personas han hecho de la calumnia un fino arte. Nunca usarían una cuchilla de carnicero para cortar a otra persona. Son más sutiles. Han aprendido a calumniar con gestos, con los ojos o con una sonrisa maliciosa.

Jonathan Swift, un escritor que conoció bien lo feo que es calumniar, describió a un hombre que podía “comunicar una difamación con fruncir el ceño, y echar abajo una reputación con guiñar un ojo”. Robert Louis Stevenson escribió: “Las mentiras más crueles a menudo se dicen en silencio.” Cuando se ataca a alguien en una conversación, los que escuchan pueden unirse al asalto con sólo menear la cabeza.

El libro de Proverbios describe a la gente del mundo antiguo que usaba el lenguaje corporal para destruir a los demás (6:12-15). Guiñaban los ojos, hacían ciertos movimientos o se encogían de hombros para comunicar su calumnia, y se sentían seguros en sus ataques. Después de todo, es difícil refutar un gesto o probar que hay malicia en un guiño. Sus acciones eran sutiles, pero tan mortales como las balas que perforan el corazón.

¿Qué dicen tus gestos acerca de los demás? Pídele al Señor del amor y la verdad que te ayude a guardar tu hablar y tus acciones. Por Él, por tu propio bien y por el bien de los demás, ¡hazlo ya!

PUESTO QUE LA LENGUA ES UN LUGAR MOJADO, TIENDE A RESBALAR.

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