30 de octubre,

Acatamiento de órdenes

La Biblia en un año: Jeremías 20-21, 2 Timoteo 4

Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. 1 Juan 5:3.


Un sargento de la Guardia Nacional de Indiana fue degradado y sentenciado a cuatro días de cárcel porque se negó a quitarse la gorra.

En realidad no fue tan simple. El incidente ocurrió durante los ejercicios de entrenamiento de invierno cuando las temperaturas estaban muy por debajo del punto de congelación. El hombre llevaba puesta una gorra suave con orejeras por debajo del casco de reglamento. La primavera anterior había sufrido quemaduras en la cara y las orejas, y los médicos le habían recomendado que usase una gorra para proteger su sensible piel.

En este momento, posiblemente te da pena pensar en el guardia. Pero la historia no termina ahí. En el informe oficial había evidencia de que el hombre estaba intoxicado, y cuando ocurrió este incidente de insubordinación, ya se le había advertido dos veces antes respecto al casco.

El soldado no fue excusado, aunque él creía que debía serlo. Igual que muchos de nosotros, cometió el error de pensar que estaba en su derecho de no acatar las órdenes de alguien en autoridad.

En la familia de Dios, nosotros también somos propensos a pensar que sabemos qué es lo que más nos conviene. Pero nadie puede comprender mejor nuestras necesidades que Dios. Sus mandamientos son dados con un entendimiento de lo que será el resultado. Son para su honor, el bien de los demás y, a la larga, nuestro gozo.

Amar a Dios significa obedecerle.

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