6 de septiembre,

La mayor de las mentiras

La Biblia en un año: Salmos 148-150, 1 Corintios 15:29-58

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. –1 Juan 1:8.


Un ministro estaba caminando por una calle cuando notó a un grupo de muchachos de pie alrededor de un perro. Preocupado por la seguridad del perro, se acercó y preguntó qué estaban haciendo. Un muchacho contestó: «Es un perro callejero y todos lo queremos. Decidimos que el que dijera la mentira más grande se quedaría con él.»

«No deben hacer un concurso de decir mentiras –dijo el ministro–. ¿No saben que mentir es pecado? Yo, a su edad, nunca dije una mentira.» Se produjo un silencio que duró como un minuto. Luego, justo cuando el ministro pensó que había comunicado el mensaje, uno de los muchachos suspiró profundamente y dijo: «De acuerdo, él gana. Denle el perro.»

Nos sonreímos, pero la verdad es que todos hemos dicho grandes mentiras. Algunas las toleramos y las llamamos exageraciones, como cuando añadimos unos cuantos centímetros al pez grande que atrapamos. Sin embargo, no somos tan tolerantes cuando nos mienten a nosotros o nos hacen trampa en un negocio, o cuando una mentira amenaza nuestra reputación. No obstante, cualquiera que diga que no tiene pecado está diciendo la mentira más grande de todas.

Entonces, ¿adónde nos lleva eso? Según 1 Juan 1:8 somos culpables. Pero fíjate en la buena nueva que sigue de inmediato en el versículo 9: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.» Esa es una verdad que todos necesitamos escuchar. ¡Y no es ninguna mentira!

UNA MENTIRA PUEDE NO DEJAR HUELLAS, PERO NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD.

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