10 de septiembre,

Amor inmerecido

La Biblia en un año: Proverbios 8-9, 2 Corintios 3

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo.... –1 Juan 4:9.


Hace años, en Carolina del Norte, la jueza Clara Warren trabajó en los tribunales juveniles. Era conocida por su estricta interpretación de la ley, pero también por su amor y compasión.

Un día, la jueza Warren llevó a la reportera Phyllis Hobe a hacer un recorrido por la correccional. ¡Cuánto se sorprendió Hobe del conocimiento personal que tenía la jueza de muchos de los prisioneros y de su sincera preocupación por ellos! Los estaba ayudando a inscribirse en las escuelas y a conseguir trabajo cuando los liberaran. Hasta seguía ocupándose de ellos si volvían a encarcelarlos. «¿Cómo puede seguir amándolos? –preguntó la reportera–. No parecen apreciar todo lo que usted ha hecho por ellos.» Luego la jueza explicó que ella no los amaba porque quisiera recibir su agradecimiento. Sencillamente los amaba, y no esperaba nada a cambio.

¿No es así como nos ama Dios? La Biblia nos dice que Él amó tanto al mundo que dio a su Hijo para que muriera por nosotros (Juan 3:16; Romanos 5:8). Aunque pecadores y desagradecidos, todo hombre, mujer y niño es objeto de su amor. Sí, Él anhela nuestra obediencia y amor. Pero cuando eso no sucede, nos sigue amando por muy desagradables que seamos.

Padre, capacítanos para amar a los demás de la manera en que Tú nos amas.

NO HAY NADA MÁS POTENTE QUE EL AMOR DE DIOS.

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