18 de septiembre,

Él calma las tormentas

La Biblia en un año: Proverbios 30-31, 2 Corintios 11:1-15

Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios.... –Salmo 46:4.


En el otoño del año 2001, una tormenta atronadora atravesó el lago Michigan durante 36 horas seguidas. Vientos sostenidos de más de 95 kilómetros por hora, con ráfagas mucho más fuertes, produjeron las olas más altas que ha habido en 15 años. Ola tras ola, algunas de hasta 6 metros de altura, golpeaban los rompeolas y chocaban contra la costa con gran furia.

El escritor del Salmo 46 debe haber experimentado una crisis espiritual y emocional sostenida como los golpes incesantes de una tormenta gigante, porque escribió sobre las aguas turbulentas y los mares bravos. Además mencionó el estremecimiento de las montañas (vv.2-3).

Eso podría describir la manera como te sientes ahora mismo. Si es así, pasa al versículo 4, el cual habla de un río tranquilo que deleita y refresca al pueblo de Dios. Sus aguas frescas y pacíficas fluyen continuamente como una fuente interminable de gozo y bendición.

Este salmo describe a Dios como «nuestro refugio y fortaleza» (v.1). No tenemos necesidad de temer, ni siquiera cuando las naciones del mundo estén airadas y se golpeen una a la otra con sus armas de guerra (vv.2,6), porque «Jehová de los ejércitos está con nosotros» (v.7). Deja que el Señor aquiete las tormentas de tu corazón. Por que Él dice: «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra» (v.10).

DIOS NO NOS PROTEGE DE LAS TORMENTAS DE LA VIDA, SINO QUE NOS AMPARA EN ELLAS

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