26 de septiembre,

Mantén los oídos abiertos

La Biblia en un año: Isaías 1-2, Gálatas 5

... Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye. –1 Samuel 3:10.


Cuando nuestra familia vivía en la Florida, a menudo me despertaba en la mañana con el alegre sonido de un sinsonte que cantaba fuera de mi ventana. La primera vez que lo escuché me emocioné mucho con la belleza de su melodía. Pero al poco tiempo, mis oídos se acostumbraron a sus canciones y empecé a dar por sentado sus conciertos de amanecer. Con el tiempo ya no lo «escuchaba». La culpa era mía. El señor Sinsonte seguía cantando cada mañana, pero yo no escuchaba.

Algo similar sucede si dejamos de «escuchar» a Dios hablarnos a través de las Escrituras. Cuando nos hacemos cristianos, es un gozo leer y estudiar la Biblia. Sus palabras hablan a nuestro corazón. Son como melodías a nuestros oídos. Nos emocionamos al ver el plan de Dios revelarse en sus páginas. Pero con el tiempo, leer la Biblia se puede volver rutinario, y pronto podemos ignorarla completamente. Como resultado, ya no «escuchamos» a Dios hablarnos. Los efectos negativos de este patrón no se notan hasta que un día nos despertamos y nos damos cuenta de lo que nos hemos estado perdiendo.

¡Cuánto mejor es tener la actitud de Samuel, que dijo: «Habla, porque tu siervo oye»! (1 Samuel 3:10).

Dios nos habla por medio de su Palabra. La pregunta es: ¿mantenemos los oídos abiertos? –RWD

MIENTRAS MÁS LEEMOS LAS PÁGINAS SAGRADAS, MEJOR CONOCEMOS LA ROCA DE LA ETERNIDAD.

<···Indice