Tema 3

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¡NO SOMOS SOLAMENTE UN NÚMERO!

¡NO SOMOS SOLAMENTE UN NÚMERO!¿Se ha sentido Ud. alguna vez solamente un número? Cuando nos toca hacer un trámite en el gobierno, sacar o depositar dinero, para encontrar nuestra historia clínica en algún sanatorio, cuando nos toca esperar el turno hasta que nos llamen por el número y muchas veces: ¡nos atienden como a un número! Recibimos un número para nuestro documento de identidad, para impuestos, tarjeta de crédito, seguro social o historia clínica. Los productos que compramos tienen todos un número por medio del código de barras. Todo es número, pero para Dios no somos un número. ¿Qué somos para Dios?

Jesús declaró, en una conversación que tuvo: "¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pues aún los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos" Lucas 12:6. El rey David sabía que Dios conocía sus sentimientos y acciones pues le dijo al Señor: "Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro?" Salmos 56:8. Muchos de nuestros problemas sicológicos y complejos se deben a la poca auto­estima que tenemos. Muchos en vez de elevarse a las alturas de una vida victoriosa se sumergen por ello en la niebla gris del desaliento, la depresión y la desesperanza. Es verdad que el ser humano no es más que polvo, pero a los ojos de Jesús somos lo más importante. "Porque a mis ojos eres de gran estima, eres honorable, y yo te amo; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida." Isaías 43:4.

Y como te conoce y te ama, desea cambiar tu vida y hacerte muy feliz. Si lo aceptas, descubrirás la maravilla que El ha hecho para que tú seas feliz.

La Biblia dice en 1ª Corintios 1:30 "Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención". Veamos qué significa eso:

LA OPCIÓN DE OÍR

A todos atraeré a mí mismo...Recibimos una sabiduría especial para escuchar el llamado de Dios. Veamos todo lo que hace Dios por nosotros cuando nos llama a ser hijos suyos:

Sí, Dios nos busca, como una madre que busca su hijo. No mide esfuerzos ni sacrificios. Así te busca a ti, te conoce y te llama "para que busquen a Dios,... aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros" Hechos 17:27. 
Lee por favor en tu Biblia el capítulo 8 de Salmos.

NUESTRAS CUENTAS ARREGLADAS

Dios quiere resolver nuestro problema legal con El. ¿En qué consiste? La ley de Dios fue transgredida y agredida por nosotros y esta nos condena.

No podemos jactarnos de nuestras virtudes. La Biblia dice que la justicia humana es como "trapos de inmundicia." (Isaías 64:6). Es imposible para el hombre salvarse a sí mismo, pues es pecador (transgresor de la ley) por herencia, por naturaleza y por tendencia.

La incapacidad, los sentimiento de culpa, condiciona­mientos, taras y traumas impiden el desarrollo normal del hombre. Las desviaciones de ese sentimiento frustrante son dos: Autoadulación o autoengreimiento (complejo de superioridad) o la autodestrucción (complejo de inferioridad).

El que tiene complejo de superioridad se cree dios: indispensable, imprescindible. Asume muchas responsabilidades y para mantener el status debe vivir a base de cocaína u otros estimulantes. Esa clase son artistas, comerciantes, famosos que viven al último grito de la moda. Los pseudoganadores son aquellos que viven imitando a esa gente. Se peinan, visten y viven como ellos.

Los que tiene el complejo de inferioridad son depresivos, abandonados, sin ideales, sin metas y sin rumbo. Usan drogas fuertes que los destruyen: pegamentos, inhalantes, barbitúricos, alcohol, tabaco. Piensan: "de algo hay que morir".

La justicia de Dios nos hace redescubrir el verdadero centro gravitacional. Como Galileo descubrió que el centro del universo no es la tierra, así nosotros descubriremos que el centro de la religión cristiana no es el hombre, sino Dios. El es el centro del amor y ha provisto para nosotros los siguiente: "Cristo fue tratado como nosotros merecemos, a fin de que nosotros pudiésemos ser tratados como él merece. ... El sufrió la muerte nuestra a fin de que pudiésemos recibir la vida suya." D.T.G. 16-17.

Para cubrir nuestra deuda con Dios, Cristo imputa, o sea, anota, sus méritos a nuestro favor.

· El hecho de que siendo Dios se hizo hombre, vivió una vida pura, murió en nuestro lugar como sustituto, y resucitó de los muertos hace posible nuestra justificación.

· Por su vida perfecta -sin pecado- pudo satisfacer la medida o exigencia plena de la Ley. "Porque lo que era imposible para la ley... Dios enviando a su Hijo... condenó al pecado en la carne, para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros..." Romanos 8:3-4. Cristo, el sustituto, vino a ocupar nuestro lugar. Vino a cumplir lo que el hombre no podía cumplir:

Cristo pagó con su muerte, la culpa que nos tocaba pagar a nosotros por nuestras transgresiones. "Mas Él herido fue por nuestras re­­beliones, molido por nuestros pecados; ... mas Jehová cargó en Él, el pecado de todos nosotros" Isaías 53:5-6. Jesús nos adopta como hijos para darnos su herencia, nos imputa su justicia y Dios nos considera como si nunca hubiésemos pecado. Junto a su justicia nos da la vida eterna, la seguridad de la vida eterna.

El pecador por más que busque en su interior, por más que se esfuerce, nunca logra satisfacer la pureza de Dios, y él pide de todo hombre el blanco máximo: "Sed perfectos como vuestro padre que está en los cielos es perfecto" Mateo 5:48.

"Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados" Isaías 43:25. Justificación significa: perdón, reconciliación. Significa que Cristo toma sobre sí nuestra vida y pone a nuestro favor su vida santa, o sea su justicia, el perfecto cumplimiento de la ley. El dice: "Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados" Isaías 43:25. "Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana" Isaías 1:18.

Dios nos da la oportunidad de comenzar en cero. Nos da la ocasión de comenzar siempre de nuevo. Ahora pasamos a ser parte de la familia real. Tenemos una familia, una ciudadanía, una meta, un blanco que alcanzar, un puerto donde llegar. Eso, porque Cristo allá en el cielo ocupa nuestro lugar y paga nuestra deuda con su vida inmaculada (Filipenses 3:20).

Jesús utilizó la parábola de los dos adoradores para ilustrar la obra de la justificación en Lucas 18:10-14.

En resumen: ¿Qué beneficios tengo al ser justificado?

LA FUERZA PARA VIVIR EL CAMBIO

Santificación es la reinsersión del hombre en el Macrocosmos. Es restaurar en el hombre interior la imagen de Dios. Este ya no lucha solo, ni necesita hacer méritos o grandes sacrificios para alcanzar las metas, sino que Dios coloca en él un agente educador, el Espíritu Santo. Este pasa a ser nuestro consolador, maestro, intercesor, aquel que nos ayuda, nos constriñe, nos estimula, habla a nuestra conciencia y nos prepara para aquella vida para la cual fuimos creados. Como aquel extranjero que debe adaptarse a la civilización en la que quiere vivir, así el hombre, debe ir educándose y adaptándose a la vida nueva que ha iniciado con Cristo.

"Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad" Efesios 4:24.

"Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré”. Hebreos 10:16-17. La santificación consiste en un cambio de mente y de corazón. "Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros..." Ezequiel 36:26-27.

· El cambio de corazón nos habilita para obedecer la santa Ley de Dios. "Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré”. Hebreos 10:16-17.

· Cuando Cristo mora en nuestro corazón, lo purifica, mediante su Santo Espíritu, implantando en nosotros una nueva naturaleza. "...Y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" Gálatas 2:20. Lea en su Biblia Colosenses 3:5-10.

· La santificación comprende un cambio total del hombre. "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo..." 1ª Tes. 5:23.

Las tres dimensiones del ser humano deben cambiar:

· El espíritu, o sea, nuestros pensamientos.

· El alma. Nuestros sentimientos y emociones.

· El cuerpo. Nuestros hábitos de vida.

· Las buenas obras son el resultado de la justificación y no la base para conseguirla. Sentiremos deseos de obedecer por gratitud y amor al que tanto nos ha dado. "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras..." Efesios 2:10.

Jesucristo ilustró esto con el ejemplo de la vid: "Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer." Juan 15:5.

EL DESTINO FINAL DEL QUE CREE

Será el triunfo final de Cristo cuando vendrá a llevarnos. Cuando el Antiguo Israel se instaló en Canaán se repartieron las tierras y el botín, cada uno pasó a vivir en lo que era suyo. Si por mala administración, una desgracia, un problema o necesidad debía vender el hombre su tierra, sus pertenencias o a sí mismo, existía la ley de la redención en la cual el familiar más cercano tenía el derecho de pagar el costo y así rescatar lo que se había enajenado. Esa propiedad pasaba a ser, no del rescatador, sino del dueño original. Ese rescate recibía el nombre de REDENCIÓN.

"En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Si así no fuera, os lo hubiera dicho. Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y cuando me vaya y os prepare lugar, vendré otra vez, y os llevaré conmigo, para que donde yo esté, vosotros también estéis." Juan 14:2-3.

Eso acontecerá cuando Cristo regrese. El pagó el precio de nuestras desgracias a un costo elevadísimo: su propia sangre, su propia vida. Cuando Él venga nos entregará nuevamente aquello que nos perteneció por derecho de creación: Una Corona, porque fuimos los reyes de la creación; un Vestido Blanco que representa la perfección de nuestra creación; una Tierra Nueva, el hogar que Dios ha ideado para nosotros y un Cielo Nuevo para contemplar la grandeza de su gloria. Eso lo hizo por ti.

Apreciado amigo: Abraham, Isaac y Jacob buscaban esa tierra. Isaías habló sobre esa nueva tierra, Pablo buscaba esa corona, Juan vio la ciudad en visión. Ellos están dormidos esperando el llamado de la resurrección; pero para ti, habitante en el umbral del tercer milenio, que te han hecho creer que eres simplemente un número, está muy cerca esa redención.

 Ese destino de Dios lo recibirán únicamente los que respondieron al primer milagro, se dejaron atraer por Jesucristo, le dieron su vida y fueron declarados justos y perdonados. Son los que aceptaron a Jesús como el Señor o dueño de sus vidas y decidieron obedecer sus leyes eternas. Dale hoy tu vida a Jesucristo y deja que El haga en ti esos cuatro milagros.

Fuente: http://www.biblia2000.com.ar/3mil/milenio/Milen-03.htm


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