Las Profecías del Apocalipsis

Capítulo 3 · "He Aquí, Yo Estoy a la Puerta y Llamo"


El mensaje a Sardis

Vers. 7-13: Y escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Estas cosas dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: Yo conozco tus obras: he aquí, he dado una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar; porque tienes un poco de potencia, y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. He aquí, yo doy de la sinagoga de Satanás, los que se dicen ser Judíos, y no lo son, mas mienten; he aquí, yo los constreñiré a que vengan y adoren delante de tus pies, y sepan que yo te he amado. Porque has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la tentación que ha de venir en todo el mundo, para probar a los que moran en la tierra. He aquí, yo vengo presto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del ciclo de con mi Dios, y mi nombre nuevo. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

La iglesia de Filadelfia La palabra "Filadelfia" significa "amor fraternal," y expresa la situación y el espíritu de aquellos que recibieron el mensaje adventista hasta el otoño de 1844. El gran despertar religioso que, proveniente del estudio de las profecías, se produjo durante la primera parte del siglo XIX, culminó en ese movimiento adventista. Hombres de todas las organizaciones religiosas se quedaron convencidos de que se acercaba la venida de Cristo. Al salir de las diversas iglesias, dejaron detrás de sí los nombres y los sentimientos sectarios. Los corazones latían acordes mientras lodos unían sus esfuerzos para dar la alarma a las iglesias y al mundo, y señalaban la venida del Hijo del hombre como la verdadera esperanza del creyente. Dejaban de lado el egoísmo y la codicia, y manifestaban un espíritu de consagración y sacrificio. El Espíritu de Dios acompañaba a cada verdadero creyente, y su alabanza estaba en cada lengua. Los que no participaron de ese movimiento no pueden comprender plenamente cuán profundamente se escudriñaban los corazones, se consagraban a Dios, y cuán grande era la paz y el gozo del Espíritu Santo, y el amor puro y ferviente que sentían unos hacia otros los verdaderos creyentes.
"La llave de David." Una llave es símbolo de poder. El Hijo de Dios es heredero legítimo del trono de David; y él está por asumir su gran poder y reinar; de ahí que se nos representa como teniendo la llave de David. El trono de David, o de Cristo, sobre el cual ha de reinar, está incluido en la capital de su reino, la Nueva Jerusalén que está ahora en el cielo, pero se ha de asentar en esta tierra, donde él reinará para siempre jamás. (Apocalipsis 21:1-5; Lucas 1:32, 33.)
"El que abre y ninguno cierra." Para comprender este lenguaje, es necesario considerar la posición de Cristo y su obra en relación con su ministerio en el santuario, o verdadero tabernáculo celestial. (Hebreos 8:2.) Una figura o modelo de este santuario celestial existió una vez aquí en la tierra. Fue el santuario construido por Moisés. (Éxodo 25:8, 9; Hechos 7:44; Hebreos 9:1, 21, 23, 24.) La estructura terrenal tenía dos departamentos: el lugar santo y el santísimo. (Éxodo 26:33, 34.) En el primer departamento estaba el candelabro, la mesa de los panes de la proposición, y el altar del incienso. En el segundo se hallaban el arca, que contenía las tablas del pacto, o los Diez Mandamientos, y los querubines. (Hebreos 9:1-5.) El santuario en el cual Cristo ministra en el cielo tiene igualmente dos departamentos, porque se nos indica claramente en Hebreos 9:21-24 que "el tabernáculo y todos los vasos del ministerio" eran "figuras de las cosas celestiales." Como todas las cosas fueron hechas de acuerdo con su modelo, el santuario celestial tiene también muebles similares a los del terrenal. Para reconocer el antitipo del candelabro de oro y el altar del incienso, del primer departamento, véase Apocalipsis 4:5; 8:3; en cuanto al antitipo del arca del pacto, con sus Diez Mandamientos, véase Apocalipsis 11:10. Los sacerdotes ministraban en el santuario terrenal. (Éxodo 28:41, 43; Hebreos 9:6, 7; 13:11.) El ministerio de esos sacerdotes era una sombra del ministerio de Cristo en el santuario celestial. (Hebreos 8:4, 5.)

El ciclo completo de los servicios se realizaba en el santuario terrenal una vez al ano. (Hebreos 9:7.) Pero en el santuario celestial el servicio se realiza una vez por todas. (Hebreos 7:27; 9:12.) Al final del ciclo típico anual, el sumo sacerdote entraba en el segundo departamento, o lugar santísimo del santuario, para hacer la expiación; y esta obra se llama apropiadamente la purificación del santuario. (Levítico 16:20, 30, 33; Ezequiel 45:18.) Cuando empezaba el ministerio en el lugar santísimo, cesaba el que se realizaba en el lugar santo; y no había servicio mientras el sacerdote se hallaba en el lugar santísimo. (Levítico 16:17.)

Un abrir y cerrar similar, o cambio de ministerio, debe ser realizado por Cristo cuando llega el momento de purificar el santuario celestial. El momento de iniciar este servicio llegó al fin de los 2.300 días, en 1844. A este suceso puede aplicarse apropiadamente el abrir y cerrar mencionado en el pasaje que consideramos, donde el acto de abrir representaría el comienzo del ministerio de Cristo en el lugar santísimo, y el acto de cerrar, la cesación de su servicio en el primer departamento, o lugar santo. (Véase la exposición del tema del santuario y su purificación, en relación con Daniel 8:14.)

El Vers. 9 se aplica probablemente a los que no avanzan juntamente con el progreso de la luz de la verdad, y se oponen a que otros creyentes lo hagan. A los tales se les hará sentir todavía y confesar que Dios ama a los que obedecen a su Palabra, y siguen en el conocimiento de su verdad.

"La palabra de mi paciencia." Juan dice en Apocalipsis 14:12: "Aquí está la paciencia de los santos; aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús." Los que viven ahora obedeciendo paciente y fielmente a los mandamientos de Dios y la te de Jesús, serán guardados en la hora de la tentación y peligro. (Véanse los comentarios sobre Apocalipsis 13:13-17
"He aquí, yo vengo presto." Vuelve a presentarse aquí la segunda venida de Cristo, con mayor énfasis que en cualquiera de los mensajes precedentes. La atención de los creyentes es llamada a la proximidad de este acontecimiento. El mensaje se aplica a un período en que es inminente este gran suceso. Esto evidencia en forma indubitable la naturaleza profética de este mensaje. Lo dicho a las primeras tres iglesias no contiene alusión alguna a la segunda venida de Cristo, por el hecho de que en los períodos que abarcan no se podía esperar bíblicamente este acontecimiento. Pero con la iglesia de Tiatira había llegado el momento en que esa gran esperanza empezaba a amanecer para la iglesia. Se llama la atención a esa esperanza por una simple alusión: "Tenedla [vuestra carga] hasta que yo venga."

La siguiente etapa de la iglesia, el período de Sardis, encuentra a la iglesia más cerca de este acontecimiento, y se menciona la gran proclamación que ha de anunciar la venida de Cristo, y se impone a la iglesia el deber de velar: "Y si no velares, vendré a ti como ladrón." Llegamos más tarde a la Iglesia de Filadelfia, y la proximidad del mismo gran acontecimiento induce entonces al Santo y Verdadero a pronunciar la conmovedora declaración: "He aquí, yo vengo presto."

De todo esto se desprende que estas iglesias ocupan épocas sucesivamente más cercanas al gran día del Señor, puesto que, con una insistencia que va en aumento, este gran acontecimiento se recalca más y más, y se va llamando la atención a él en forma definida e impresionante. Al llegar a este período, la iglesia puede ver en verdad que el día se acerca. (Hebreos 10:25.)

La amonestación "Retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona." Por nuestra fidelidad, no privamos a nadie de la corona. El verbo traducido por "tomar" tiene unas cuantas definiciones, una de las cuales es "quitar, arrebatar, privar de." Nadie ni cosa alguna os induzca a renunciar a la verdad, ni os aparte de los caminos rectos del Señor, para haceros así perder la recompensa.
La promesa hecha al vencedor El vencedor ha de ser una columna en el templo de Dios, y no saldrá más. El templo debe representar aquí a la iglesia, y la promesa de ser hecho columna en él es la promesa de un lugar de honor, permanencia y seguridad en la iglesia, representada como un edificio celestial. Cuando llegue el momento de cumplirse esta parte de la promesa, habrá terminado el tiempo de gracia, y el vencedor estará plenamente establecido en la verdad y sellado. "Y nunca más saldrá fuera," es decir, ya no habrá peligro de que caiga. Pertenecerá al Señor para siempre, y su salvación estará asegurada para siempre.

Se puede decir que desde el momento en que los cristianos venzan y sean sellados para el cielo, estarán rotulados como pertenecientes a Dios y a Cristo, y llevarán la dirección de su destino: la nueva Jerusalén. Han de llevar escrito sobre sí, el nombre de Dios, a quien pertenecen; y el nombre de la nueva Jerusalén, no la vieja Jerusalén que algunos buscan en vano. También llevarán sobre sí el nuevo nombre de Cristo, por cuya autoridad han de recibir la vida eterna, y entrar en el reino. Así sellados y rotulados, los santos de Dios estarán seguros. Ningún enemigo podrá impedirles que lleguen a su destino, el glorioso puerto de descanso, la Nueva Jerusalén celestial.

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