Las Profecías del Apocalipsis

Capítulo 7 · El Sello del Dios Vivo


La multitud vestida de ropas blancas

VERS. 9-12: Después de estas cosas miré, y he aquí una gran compañía, la cual ninguno podía contar, de todas gentes y linajes y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y palmas en sus manos; y clamaban en alta voz, diciendo: Salvación a nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero. Y todos los ángeles estaban alrededor del trono, y de los ancianos y los cuatro animales; y postráronse sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: Amén: La bendición y la gloria y la sabiduría, y la acción de gracias y la honra y la potencia. y la fortaleza, sean a nuestro Dios para siempre jamás. Amén.

Una vez terminado el sellamiento, Juan contempla una incontable multitud que, arrobada, adora a Dios ante su trono. Esta vasta muchedumbre está constituida indudablemente por los salvados de toda nación, tribu y lengua que han sido resucitados al venir Cristo por segunda vez, lo cual demuestra que el sellamiento es la última obra realizada en favor del pueblo de Dios antes de la traslación.

VERS. 13-17: Y respondió uno de los ancianos, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? Y yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han venido de grande tribulación, y han lavado sus ropas, y las han blanqueado en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo: y el que está sentado en el trono tenderá su pabellón sobre ellos. No tendrán más hambre, ni sed, y el sol no caerá mas sobre ellos, ni otro ningún calor. Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes vivas de aguas: y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos.

Una compañía especial Las preguntas dirigidas por uno de los ancianos a Juan: "Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?" consideradas en relación con la respuesta de Juan: "Señor, tú lo sabes," implican que Juan no lo sabía, y parecerían ilógicas si se refiriesen a toda la gran multitud que tenía delante de sí. Porque Juan sabía quiénes eran y de dónde habían venido, por cuanto acababa de decir que eran personas--redimidas, por supuesto--de todas gentes, linajes, pueblos y lenguas. Juan podría haber contestado: Estos son los redimidos de todas las naciones de la tierra. No se nos presenta compañía alguna a la cual se habría de aludir en forma especial con más naturalidad que a la mencionada en la primera parte del capítulo: los 144.000. En verdad Juan había visto a los miembros de esta compañía en su estado mortal cuando estaban recibiendo el sello del Dios vivo entre las escenas tumultuosas de los postreros días; pero mientras están entre la muchedumbre de los redimidos, la transición es tan grande y tan diferente la condición en la cual aparecen ahora, que no los reconoce como la compañía especial de aquellos a quienes vio sellar en la tierra. A esta compañía parece aplicarse en forma especial las siguientes especificaciones:
Salieron de gran tribulación Aunque en verdad hasta cierto punto todos los cristianos han de entrar "por muchas tribulaciones . . . en el reino de Dios," (Hechos 14:22) esto se aplica en un sentido muy especial a los 144.000. Pasan por el tiempo de tribulación como no lo hubo desde que existe nación. (Daniel 12:1.) Experimentan la angustia mental del tiempo de aflicción de Jacob. (Jeremías 30:4-7.) Han de subsistir sin mediador a través de las terribles escenas de las siete postreras plagas, que son manifestaciones de la ira de Dios derramada sin mixtura sobre la tierra, como veremos en Apocalipsis 15 y 16. Pasan por la más severa época de tribulación que el mundo haya conocido, pero triunfan finalmente y son libertados.
Llevan vestiduras blancas Han lavado sus ropas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. La última generación recibe muy enfáticos consejos acerca de la necesidad de obtener la vestidura blanca. (Apocalipsis 3:5, 18.) Los 144.000 se niegan a violar los mandamientos de Dios. (Apocalipsis 14:1, 12.) Se verá que basaron su esperanza de la vida eterna en los méritos de la sangre derramada de su divino Redentor, y han hecho de él la fuente de su justicia. Tiene una fuerza peculiar la afirmación de que éstos lavaron sus ropas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.
Llamados primicias El versículo 15 describe el puesto de honor que ocupan en el reino, y cuán cerca están de Dios. En otro lugar son llamados "primicias para Dios y para el Cordero." (Apocalipsis 14:4.)
No tendrán más hambre En el versículo 16 se dice que "no tendrán más hambre, ni sed." Esto demuestra que tuvieron una vez hambre y sed. ¿A qué puede referirse esto? Como alude indudablemente a algo que experimentaron en especial, ¿no se referirá a las pruebas que sufrieron durante el tiempo de angustia, y más especialmente mientras caían las últimas siete plagas? Durante ese tiempo los justos se verán reducidos a no tener sino pan y agua, pero estas cosas "serán ciertas" para ellos, es decir que les estarán aseguradas (Isaías 33:16) y tendrán lo suficiente para subsistir. Sin embargo, ¿no podría suceder que cuando se secan los pastos, juntamente con todas las frutas y vegetación (Joel 1:18-20), y los ríos y fuentes de las aguas se truecan en sangre (Apocalipsis 16:4-7), para reducir al mínimo posible su relación con la tierra y las cosas terrenales, los santos que vivirán en ese tiempo tendrán que sufrir ocasionalmente los extremos del hambre y de la sed? Pero una vez obtenido el reino, "no tendrán más hambre, ni sed."

El profeta continúa: "Y el sol no caerá más sobre ellos, ni otro ningún calor." Los 144.000 atraviesan el plazo durante el cual le es dado al sol poder para "quemar a los hombres con fuego." (Apocalipsis 16:8, 9.) Aunque son protegidos del efecto mortífero que tiene sobre los impíos que los rodean, no podemos suponer que su sensibilidad se haya embotado al punto de que no los impresione desagradablemente el calor terrorífico. No; y cuando entren en los campos de la Canaán celestial, estarán preparados para apreciar la promesa divina de que el sol no les dañará.

El Cordero los pastoreará Otro testimonio que se aplica a la misma compañía y al mismo tiempo dice que la constituyen "los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere." (Apocalipsis 14:4.) Ambas expresiones denotan el estado de estrecha y divina comunión a la cual el bienaventurado Redentor los admite.

En el siguiente hermoso pasaje, el salmista parece aludir a la misma promesa: "Serán completamente saciados de la rica abundancia de tu casa, y los harás beber del río de tus delicias." (Salmo 36:8, V.M.) La fraseología de esta promesa hecha a los 144.000 se encuentra también parcialmente en una gloriosa profecía de la pluma de Isaías: "Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará el Señor toda lágrima de todos los rostros: y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra: porque Jehová lo ha dicho." (Isaías 25:8.)

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