Las Profecías del Apocalipsis

Capítulo 9 · El Mundo Musulmán en la Profecía


Las trompetas 5ª - 6ª

VERS. 1: Y el quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo en la tierra; y le fue dada la llave del pozo del abismo.

La quinta trompeta Para interpretar esta trompeta recurriremos nuevamente a los escritos de Alejandro Keith. Dice el nombrado escritor:

"Apenas si habrá alguna parle del Apocalipsis acerca de la cual estén los intérpretes tan uniformemente de acuerdo como acerca de la aplicación que dan a la quinta trompeta y la sexta, o primer ay y segundo ay; a saber, a los sarracenos y los turcos. Su significado es tan obvio que es casi imposible interpretar erróneamente la profecía. En vez de ser expuesto cada caso por uno o dos versículos, todo el capítulo 9 del Apocalipsis se divide en partes iguales dedicadas a la descripción de ambos.

"El Imperio Romano decayó, como se había levantado, por conquistas; pero los sarracenos y los turcos fueron los instrumentos por medio de los cuales una religión falsa llegó a ser el azote de una iglesia apóstata; de ahí que la quinta trompeta y la sexta, en vez de ser llamadas por ese solo nombre como las anteriores, son denominadas aves...

"Por primera vez después de la extinción del Imperio Occidental, Constantinopla fue sitiada por Cósroes [II], rey de Persia."1

El profeta dijo: "Vi una estrella que cayó del cielo en la tierra; y le fue dada la llave del pozo del abismo."

El historiador dice acerca de aquel tiempo:

"Mientras que el monarca persa [Cósroes II] contemplaba las maravillas de su arte y poder, recibió de cierto oscuro ciudadano de la Meca una epístola que lo invitaba a reconocer a Mahoma como el epístola de Dios. Rechazó la invitación, y rompió la epístola. 'Así--exclamó el profeta árabe--desgarrará Dios el reino de Cósroes y rechazará sus súplicas.' Situado a la vera de los dos grandes imperios del Oriente, Mahoma observaba con secreta alegría el progreso de su mutua destrucción y en medio de los triunfos persas, se atrevió a predecir que antes que hubiesen transcurrido muchos años volvería la victoria a los estandartes romanos. En el momento en que anunció esto, según lo que se cuenta, ninguna profecía podía parecer más lejos de cumplirse, puesto que los primeros doce años de Heraclio parecían anunciar la inminente disolución de su imperio."2

Esta estrella no cayó sobre un solo punto, como la que representaba a Atila, sino que cayó en la tierra.

Las provincias que le quedaban al imperio en Asia y África fueron subyugadas por Cósroes II, y "el Imperio Romano se vio reducido a las murallas de Constantinopla, con un residuo en Grecia, Italia y Africa, y algunas ciudades marítimas, desde Tiro a Trebizonda, en la costa asiática.... La experiencia de seis años convenció finalmente al monarca persa de que debía renunciar a la conquista de Constantinopla y especificar el tributo anual o rescate que debía pagar el Imperio Romano: mil talentos de oro, mil talentos de plata, mil mantos de seda, mil caballos y mil vírgenes. Heraclio subscribió estas ignominiosas condiciones; pero el tiempo y espacio que obtuvo para reunir estos tesoros de la pobreza del Oriente lo dedicó laboriosamente a preparar un ataque audaz y desesperado."3

"El rey de Persia había despreciado al oscuro sarraceno, y se había burlado del mensaje enviado por el supuesto profeta de la Meca. Ni siquiera la caída del Imperio Romano habría abierto la puerta al mahometismo, ni a los progresos de los sarracenos, armados propagadores de una impostura, pues el monarca de los persas y el chagán de los ávares (sucesor de Atila) habían dividido entre sí los restos del reino de los Césares. Cósroes mismo cayó. La monarquía persa y la romana se agotaron la una a la otra. Y antes que fuese puesta una espada en las manos del falso profeta, se la hizo caer de las manos de aquellos que podrían haber detenido su carrera y aplastado por completo su poder."4

"Desde los días de Escipión y Aníbal, no se había intentado empresa más atrevida que la lograda por Heraclio para la liberación del imperio.... Recorrió, explorándolo, el peligroso camino a través del mar Negro y las montañas de Armenia, penetró en el corazón de Persia, e hizo congregar de nuevo los ejércitos del gran rey para la defensa de su país ensangrentado....

"En la batalla de Nínive, que se riñó fieramente desde el amanecer hasta la undécima hora, 28 estandartes, además de los que pudieron romperse o desgarrarse, fueron arrebatados a los persas; la mayor parte de su ejército fue destrozado, y los vencedores, ocultando sus propias pérdidas, pasaron la noche sobre el campo.... Las ciudades y los palacios de Asiria fueron por primera vez abiertos para los romanos."5

"El emperador romano no fue fortalecido por las conquistas que logró; y al mismo tiempo y por los mismos medios quedó preparado el camino para las multitudes de sarracenos de Arabia que, como langostas de la misma región, se volcaron rápidamente sobre el imperio persa y el romano, propagando en su recorrido el oscuro y engañoso credo mahometano. No podría desearse una ilustración más completa de este hecho, que la proporcionada en las palabras finales del capítulo [de Gibbon] del cual provienen los extractos precedentes."6

"Aunque se había formado un ejército victorioso bajo el estandarte de Heraclio, el esfuerzo poco natural parece haber agotado más bien que vigorizado su fuerza. Mientras que el emperador triunfaba en Constantinopla o en Jerusalén, una obscura ciudad de los confines de Siria fue saqueada por los sarracenos, y éstos destrozaron algunas tropas que avanzaban para aliviarla, suceso común y trivial si no hubiese sido el preludio de una poderosa revolución. Estos ladrones eran los apóstoles de Mahoma; su valor fanático había brotado del desierto; y durante los últimos ocho años de su reinado, Heraclio cedió a los árabes las mismas provincias que antes había rescatado de los persas."7

" 'El espíritu de fraude y entusiasmo, cuya morada no está en los cielos,' se soltó sobre la tierra. Sólo necesitaba el abismo una llave para abrirse, y esa llave fue la caída de Cosmes. El había desgarrado despectivamente la carta de un oscuro ciudadano de la Meca. Pero cuando desde su 'resplandor de gloria,' se hundió en la 'torre tenebrosa' que ningún ojo podía penetrar, el nombre de Cósroes cayó repentinamente en el olvido frente al de Mahoma; pues, al parecer, la salida del creciente no esperaba sino la caída de la estrella. Cósroes, después de su completa derrota y la pérdida de su imperio, fue asesinado en el año 628; y el año 629 queda señalado por 'la conquista de Arabia,' y 'la primera guerra de los mahometanos contra el Imperio Romano.' 'Y el quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo en la tierra; y le fue dada la llave del pozo del abismo. Y abrió el pozo del abismo.' Cayó en la tierra. Cuando se hubo agotado la fuerza del Imperio Romano, y el gran rey del Oriente yacía muerto en su torre tenebrosa, el saqueo de una ciudad obscura de los confines de Siria fue 'el preludio de una poderosa revolución.' 'Los ladrones eran los apóstoles de Mahoma, y su valor fanático brotaba del desierto.'"8

El abismo La palabra griega abyssos, de la cual proviene la castellana "abismo," significa "profundo, sin fondo," y puede aplicarse a cualquier lugar desierto, desolado e inculto. Se aplica a la tierra en su estado original de caos. (Génesis 1:2.) En este caso puede referirse apropiadamente a los desiertos desconocidos de Arabia, de cuyos confines salían las hordas de sarracenos como mangas de langostas. La caída del rey persa Cósroes II puede simbolizar perfectamente la apertura del abismo, puesto que preparó el camino para que los discípulos de Mahoma pudieran salir de su oscuro país y propagar sus seductoras doctrinas por el fuego y la espada hasta cubrir con sus tinieblas todo el Imperio Oriental.

VERS. 2: Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como el humo de un gran horno; y obscurecióse el sol y el aire por el humo del pozo.

"Como los vapores molestos y aun mortíferos que los vientos, particularmente del sudoeste, difunden en Arabia, el mahometismo propaló desde allí su influencia pestilencial. Se levantó tan repentinamente y se difundió tan ampliamente como humo que saliese de un abismo, como humo de un gran horno. Este símbolo era muy adecuado para representar la religión de Mahoma por sí sola, o en comparación con la luz del Evangelio de Jesús. No era, como este último, una luz del cielo, sino humo del abismo."9

VERS. 3: Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y fueles dada potestad, como tienen potestad los escorpiones de la tierra.

"Se estableció una falsa religión, que, aunque fue el azote de las transgresiones y la idolatría, llenó el mundo de tinieblas y seducción; y enjambres de sarracenos, como langostas, se extendieron por la tierra, y rápidamente difundieron sus estragos por el Imperio Romano del este hasta el oeste. El granizo descendió de las heladas orillas del Báltico; la montaña ardiente cayó sobre el mar desde el África; y las langostas (símbolo adecuado de los árabes) salieron de Arabia, su tierra natal. Vinieron como seres destructores y, propagando una doctrina nueva, incitaron a la rapiña y la violencia por motivos religiosos y de interés."10

"Puede darse una ilustración más específica del poder de escorpiones que habían recibido. No sólo era su ataque veloz y vigoroso, sino que 'la delicada sensibilidad del honor, que pesa el insulto más bien que el daño, derrama su mortífero veneno sobre las disputas de los árabes; una acción indecente, una palabra despectiva, pueden expiarse tan sólo por la sangre del ofensor; y son tan inveterados en su paciencia, que aguardan meses enteros y aun años la oportunidad de vengarse.'"11

VERS. 4: Y les fue mandado que no hiciesen daño a la hierba de la tierra, ni a ninguna cosa verde, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tienen la señal de Dios en sus frentes.

Después de la muerte de Mahoma, le sucedió en el comando Abubéker en 632, y éste, tan pronto como hubo establecido su autoridad y gobierno, reunió las tribus árabes para lanzarlas a la conquista. Una vez congregado su ejército dio a sus jefes instrucciones acerca de los métodos de conquista:

"Cuando peleéis las batallas del Señor, portaos varonilmente, sin dar la espalda; pero no se manche vuestra victoria con la sangre de las mujeres ni de los niños. No destruyáis las palmeras ni queméis los campos de cereal. No cortéis árboles frutales, ni hagáis daño al ganado; matad sólo lo que necesitáis para comer. Cuando hacéis un pacto o convenio, cumplidlo fielmente, y respetad siempre vuestra palabra. En vuestras correrías, encontraréis a algunas personas religiosas que viven recluidas en monasterios, y se proponen servir así a Dios; dejadlas en paz; no las matéis ni destruyáis sus monasterios; y hallaréis otra clase de personas que pertenecen a la sinagoga de Satanás, que tienen la coronilla afeitada; partidles ciertamente el cráneo, y no les deis cuartel hasta que se hagan mahometanos o paguen 'tributo.' "12

"Ni en la profecía ni en la historia se nos dice que las recomendaciones más humanas fueran obedecidas tan escrupulosamente como el feroz mandato; pero les fue ordenado hacerlo. Como quiera que sea, las que preceden son las únicas instrucciones que registre Gibbon; y fueron dadas por Abubéker a los jefes de todas las huestes sarracenas. Las órdenes son tan específicas en su discriminación como la predicción. Es como si el califa mismo hubiese estado actuando en obediencia directa a un mandato superior al de un hombre mortal. En el mismo acto de salir a pelear contra la religión de Jesús y propagar el mahometismo en su lugar, repitió las palabras que la Revelación de Jesucristo predecía que iba a pronunciar."13

El sello de Dios en sus frentes En las observaciones hechas con referencia a Apocalipsis .7:1-3, hemos demostrado que el sello de Dios es el sábado del cuarto mandamiento. La historia no calla el hecho de que hubo a través de toda la era evangélica personas que observaron el verdadero día de reposo. Pero lo que preguntan aquí muchos es: ¿Quiénes eran esos hombres que en ese tiempo tenían el sello de Dios en sus frentes, y por lo tanto iban a quedar libres de la opresión mahometana? Recuerde el lector un hecho al que se aludió ya, a saber, que hubo en toda la era cristiana personas que tuvieron el sello de Dios en sus frentes, es decir que observaron inteligentemente el verdadero día de reposo. Considere, además, que lo aseverado por la profecía es que esta potencia asoladora, los sarracenos, no se dirige contra los tales observadores del sábado, sino contra otra clase. La cuestión queda así libre de toda dificultad, porque es todo lo que en realidad asevera la profecía. Hay una clase de personas que resalta directamente, en este pasaje, a saber, los que no tienen el sello de Dios en la frente. La preservación de los que tienen el sello de Dios se presenta tan sólo por implicación. Por consiguiente, la historia no registra que algunos de ellos fuesen afectados por alguna de las calamidades infligidas por los sarracenos a los que resultaron blanco de su odio. Eran enviados contra otra clase de hombres. La destrucción de esta clase no se pone en contraste con la preservación de otros hombres, sino tan sólo con la de los frutales y las cosas verdes de la tierra; como si se les hubiese dicho: No hagáis daño a la hierba, ni a los árboles ni a ninguna cosa verde, sino tan sólo a una clase de hombres. En el cumplimiento, encontramos el extraño espectáculo de un ejército de invasores que perdona las cosas que tales ejércitos destruyen generalmente: la faz de la naturaleza y sus producciones. En obediencia al permiso que tenían de dañar a aquellos hombres que no tenían el sello de Dios en sus frentes, partían el cráneo a cierta clase de religiosos de coronilla afeitada, que pertenecían a la sinagoga de Satanás. Parece que se trataba de monjes o de alguna otra orden de la iglesia católica romana.

VERS. 5: Y les fue dado que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión, cuando hiere al hombre.

"Sus constantes incursiones en territorio romano, y sus frecuentes asaltos contra Constantinopla misma, eran un tormento incesante en todo el imperio, al que no podían, sin embargo, subyugar, a pesar del largo período al cual se alude más tarde, y durante el cual, por medio de sus ataques incesantes, continuaron afligiendo gravemente a una iglesia idólatra de la cual el papa era la cabeza.... Tenían cargo de atormentar, luego dañar, pero no matar o destruir completamente. Lo asombroso es que no lo hicieron."14 (Con referencia a los cinco meses, véase el comentario sobre el versículo 10.)

VERS. 6: Y en aquellos días buscarán los hombres la muerte y no la hallarán; y desearán morir, y la muerte huirá de ellos.

"Los hombres se cansaban de la vida, cuando ella les era perdonada tan sólo para que se renovasen sus desgracias, cuando se violaba todo lo que consideraban sagrado y peligraba constantemente lo que les era caro; y cuando los salvajes sarracenos los dominaban o les dejaban solamente un momento de descanso siempre expuesto a ser interrumpido repentina o violentamente, como por la picadura de un escorpión."15

VERS. 7: Y el parecer de las langostas era semejante a caballos aparejados para la guerra: y sobre sus cabezas tenían como coronas semejantes al oro; y sus caras como caras de hombres.

"El caballo árabe va a la delantera en todo el mundo; y la habilidad del jinete es el arte y ciencia de Arabia. Los barbudos árabes, veloces como langostas y armados como escorpiones, listos para arrancar al instante, estaban siempre preparados para la batalla.

Y sobre sus cabezas tenían como coronas semejantes al oro Cuando Mahoma entró en Medina (622) y por primera vez fue recibido como su príncipe, 'se desenvolvió un turbante delante de él para suplir la falta de estandarte.' Los turbantes de los sarracenos, como coronas, eran su adorno y motivo de jactancia. El rico botín los mantenía abundantemente provistos de ellos y los renovaba con frecuencia. Tomar el turbante significa proverbialmente hacerse musulmán. Además, los árabes se distinguían antiguamente por las mitras que llevaban."16
Y sus caras como caras de hombres "La gravedad y firmeza de propósito [del árabe] se nota en su exterior; ... su único ademán consiste en acariciarse la barba, símbolo venerable de la virilidad.... Es muy fácil ... herir el honor de sus barbas."17

VERS. 8: Y tenían cabellos como cabellos de mujeres: y sus clientes eran como dientes de leones.

"Las mujeres consideran el cabello largo como un adorno. Los árabes, en contraste con otros hombres, llevaban el cabello como las mujeres, es decir sin cortarlo, según Plinio y otros anotan que era su costumbre. Pero no había nada afeminado en su carácter; porque, como para denotar su ferocidad y fuerza para devorar, sus dientes eran como dientes de leones."18

VERS. 9: Y tenían corazas como corazas de hierro; y el estruendo de sus alas, como el ruido de carros que con muchos caballos corren a la batalla.

"La coraza se usaba entre los árabes en los días de Mahoma. En la batalla de Ohud (la segunda que peleó Mahoma) contra los coreítas de la Meca (624), '700 de ellos estaban armados de corazas.'"19

" 'La carga de los árabes no era, como la de los griegos y romanos, es esfuerzo de una infantería firme y compacta. Su fuerza militar se componía mayormente de caballería y arqueros.'... Al toque de la mano, los caballos árabes arrancan con la velocidad del viento. 'El estruendo de sus alas, como el ruido de carros que con muchos caballos corren a la batalla.' Sus conquistas fueron maravillosas tanto por su rapidez corno por su extensión, y su ataque era instantáneo. No tuvo menos éxito contra los romanos que contra los persas."20

VERS. 10, 11: Y tenían colas semejantes a las de los escorpiones, y tenían en sus colas aguijones; y su poder era de hacer daño a los hombres cinco meses. Y tienen sobre sí por rey al ángel del abismo, cuyo nombre en hebraico es Abaddon, y en griego, Apoliyon.

Hacer daño a los hombres cinco meses Se suscita la pregunta: ¿A qué hombres habían de dañar durante cinco meses? Indudablemente a los mismos a quienes más tarde habían de matar (véase el vers. 15), a saber, "la tercera parte de los hombres," o sea un tercio del Imperio Romano, su división griega.

¿Cuando iban a empezar a atormentarlos? El vers. 11 contesta la pregunta.

"Y tienen sobre sí por rey." Desde la muerte de Mahoma hasta casi fines del siglo XIII, estuvieron los mahometanos divididos en varias facciones bajo diversos caudillos, pero sin gobierno civil general que los abarcase a todos. Hacia fines del siglo XIII, Otmán fundó un gobierno o imperio que creció hasta extenderse sobre todas las principales tribus mahometanas, consolidándolas en una gran monarquía.

Su rey se llama el "ángel del abismo." Un ángel significa un mensajero o ministro, sea bueno o malo, y no siempre un ser espiritual. El "ángel del abismo" sería el ministro principal de la religión que salió de allí cuando fue abierto. Esa religión es el mahometismo, y el sultán era su ministro principal.

Su nombre, en lengua hebraica, es "Abaddon," el destructor; en griego, "Apoliyon," exterminador, o destructor. Por el hecho de que tiene dos nombres diferentes, en dos idiomas, es evidente que el carácter más bien que el nombre del poder es lo que se quiere representar aquí. En tal caso, como se expresa en ambos idiomas, es un destructor. Tal ha sido siempre el carácter del gobierno otomano.

Pero ¿cuándo realizó Otmán su primer asalto contra el imperio griego? Según Gibbon, "fue el 27 de julio del año 1299 de la era cristiana, cuando Otmán invadió por primera vez el territorio de Nicomedia; y la exactitud singular de la fecha parece revelar cierta previsión del crecimiento rápido y destructor del monstruo."21

Von Hammer, el historiador alemán de Turquía, y otros autores fijan este acontecimiento en 1301. Pero ¿qué fecha atestiguan las fuentes históricas de la época? Pachymeres es un historiador eclesiástico y secular que nació en Nicea, ciudad situada en la región invadida por Otmán, y escribió su historia precisamente durante ese período, pues concluyó su obra hacia 1307, de modo que era contemporáneo de Otmán.

Posino, en 1669, elaboró una cronología completa de la historia de Pachymeres, dando las fechas de los eclipses de la luna y el sol, como también otros sucesos registrados por Pachymeres en su obra. Acerca de la fecha de 1299, Posino dice:

"Ahora nos toca dar la época exacta y fundamental del Imperio Otomano. Trataremos de hacerlo comparando cabalmente las fechas dadas por los cronistas árabes con el testimonio de nuestro Pachymeres. Esto último autor relata en el cuarto libro de su segunda parte, capítulo 25, que Atmán [nombre griego de Otmán] se fortaleció asumiendo el comando de una banda muy fuerte de guerreros audaces v enérgicos de Paflagonia. Cuando Muzalo, jefe del ejército romano, intentó cerrarle el paso, lo derrotó en una batalla cerca de Nicomedia, capital de Bitinia. Desde entonces el dueño del campo de batalla mantuvo esa ciudad como sitiada. Ahora bien, Pachymeres es muy explícito al declarar que esos acontecimientos ocurrieron en la vecindad inmediata de Bafeum, no lejos de Nicomedia, el 27 de julio. El año, aseveramos en nuestra sinopsis, tras comparar cuidadosamente los sucesos, fue el que corresponde al 1299 de nuestro Señor."22

La sinopsis a la cual alude Posino da la fecha en la cual se unieron los de Paflagonia con las fuerzas de Otmán, cosa que sucedió el 27 de julio de 1299 de la era cristiana, el quinto año del papa Bonifacio VIII y el sexto de Miguel Paleólogo. La declaración es como sigue:

"Atmán [Otmán], el sátrapa de los persas, llamado también Otomanos, fundador de la aun reinante dinastía de los turcos, se fortaleció al unir consigo un gran número de feroces bandidos de Paflagonia."23

Los de Paflagonia, bajo los hijos de Amurio, se unieron a Otmán en su ataque del 27 de julio, de manera que dos veces nos da Posino la fecha 1299 como la del suceso.

Gregoras, también contemporáneo de Otmán, apoya a Gibbon y Pachymeres, al establecer la fecha 1299 en su relato de la división de Anatolia. La división entre diez emires turcos se realizó en 1300, según lo corroboran historiadores fidedignos. Gregoras declara que en la división Otmán recibió el Olimpo y ciertas partes de Bitinia, lo cual indica que Otmán ya había peleado la batalla de Bafeum y había conquistado ciertas partes de ese territorio grecorromano.

"Los cálculos de algunos autores se han basado en la suposición de que el período debía iniciarse con la fundación del Imperio Otomano; pero esto es evidentemente un error; porque no sólo habían de tener rey sobre ellos, sino que habían de atormentar a los hombres cinco meses. Pero el período de tormento no podía principiar antes del primer ataque de los atormentadores; que se produjo, como se ha declarado ya, el 27 de julio de 1299."24

El cálculo que sigue, basado en ese punto de partida, fue hecho y publicado por primera vez en una obra titulada "Christ's Second Coming" (La segunda venida de Cristo), por Josías Litch, en 1838.

" 'Y su poder era de hacer daño a los hombres cinco meses.' Tal era el plazo que les era concedido para atormentarlos por depredaciones constantes, pero sin matarlos políticamente: 'Cinco meses' [a treinta días por mes son 150 días], es decir 150 años.

Comenzando el 27 de julio de 1299, el total de los 150 años llega a 1449. Durante todo ese lapso los turcos estuvieron empeñados en una guerra casi perpetua con el Imperio Griego, pero sin vencerlo. Se apoderaron de varias provincias griegas y las conservaron, pero la independencia griega se mantenía en Constantinopla. Sin embargo, en 1449, al terminarse los 150 años, se produjo un cambio,"25 cuya historia se encontrará bajo la trompeta siguiente.

VERS. 12-15: El primer ¡Ay! es pasado: he aquí, vienen aún dos ayes después de estas cosas. Y el sexto ángel tocó la trompeta; y o! una voz de los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata los cuatro ángeles que están atados en el gran río Éufrates. Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban aparejados para la hora y día y mes y año, para matar la tercera parte de los hombres.

La sexta trompeta "El primer ay iba a continuar desde el nacimiento del mahometismo hasta el fin de los cinco meses. Terminaría entonces y empezaría el segundo ay. Y cuando el sexto ángel tocó la trompeta, le fue ordenado que quitase las restricciones que habían sido impuestas a la nación para que se limitase a atormentar a los hombres; y su comisión se extendió a matar la tercera parte de los hombres. Esta orden procedió de los cuatro cuernos del altar de oro."26
Los cuatro ángeles Estos son los cuatro principales sultanatos que componían el Imperio Otomano, situados en la región regada por el Eufrates. Estos sultanatos tenían su sede en Alepo, Iconic, Damasco y Bagdad. Antes habían tenido restricciones; pero Dios dio una orden y se vieron sueltos. Hacia fines de 1448, al acercarse el final del período de 150 años, Juan Paleólogo murió sin dejar hijo que le sucediese en el trono del Imperio Oriental. Su hermano Constantino, sucesor legitimo, no se atrevió a subir al trono sin el consentimiento del sultán turco. Por lo tanto, fueron enviados embajadores a Andrinópolis, recibieron la aprobación del sultán, y volvieron con presentes para el nuevo soberano. A principios de 1449, en tan ominosas circunstancias, fue coronado el último de los emperadores griegos.

Así relata el caso el historiador Gibbon en su obra monumental:

"A la muerte de Juan Paleólogo, ... la familia real, por la muerte de Andrónico, y la profesión monástica de Isidoro, se vio reducida a tres príncipes: Constantino, Demetrio y Tomás, hijos sobrevivientes del emperador Manuel. El primero y el último de éstos se hallaban lejos en Morea.... La emperatriz madre, el senado y los soldados, el clero y el pueblo, se mostraron unánimes en favor del sucesor legítimo; y el déspota Tomás, quien ignorando el cambio, volvió accidentalmente a la capital, se puso a defender con celo apropiado los intereses de su hermano ausente. Nos dice el historiador Franza que un embajador fue enviado inmediatamente a la corte de Andrinópolis. Amurates le recibió con honores y lo despidió con regalos; pero la misericordiosa aprobación del sultán turco anunció su supremacía, y la caída inminente del Imperio Oriental. Las manos de los ilustres diputados colocaron en Esparta la corona imperial sobre la cabeza de Constantino."27

"Examínese cuidadosamente este hecho histórico en relación con la predicción ya dada. No fue un asalto violento lanzado contra los griegos, que derribó su imperio o les quitó su independencia, sino simplemente una entrega voluntaria de esa independencia en manos de los turcos, al decir: 'No puedo reinar a menos que me lo permitáis.' "28

Los cuatro ángeles fueron soltados para una hora, un día, un mes y un año, con autorización de matar la tercera parte de los hombres. Este período durante el cual debía ejercerse la supremacía otomana, suma 391 años y quince días. Se llega así a ese resultado: Un año profético son 360 días, o 360 años literales; un mes profético son 30 días, o 30 años literales; un día profético es un año literal; y una hora o 1/24 de día profético es 1/24 de año, o sea medio mes literal, lo cual da un total de 391 años y 15 días.

"Pero aunque los cuatro ángeles fueron así soltados por la voluntaria sumisión de los griegos, otra suerte infortunada aguardaba la sede del imperio. Amurates, el sultán al cual se presentó la sumisión de Bracoses, y por cuyo permiso reinó en Constantinopla, no tardó en morir y le sucedió en el imperio, en 1451, Mahoma II, quien pronto codició a Constantinopla y resolvió hacerla su presa.

"Por consiguiente hizo preparativos para sitiar la ciudad y tomarla. El sitio empezó el 6 de abril de 1453, y terminó con la toma de la ciudad y la muerte del último de los Constantinos, el 16 de mayo siguiente. Y la ciudad oriental de los Césares pasó a ser sede del Imperio Otomano."29

Las armas y los métodos de guerrear que se usaron en el sitio que hizo caer a Constantinopla y la redujo a sujeción habían sido notados distintamente, como veremos, por el profeta.

VERS. 16: Y el número del ejército de los de a caballo era doscientos millones. Y oí el número de ellos.

"¡Innumerables hordas de caballos y sus jinetes! Gibbon describe como sigue la primera invasión de los territorios romanos por los turcos: 'Las miríadas de los turcos cubrían una frontera de mil kilómetros, desde el Tauro hasta Erzerum, y la sangre de 130.000 cristianos fue el sacrificio grato al profeta árabe.' El lector debe juzgar si el número está destinado a impartir la idea de una cifra exacta. Algunos suponen que lo que se quiere decir es dos veces 200.000 y luego, siguiendo a algunos historiadores, encuentran que tal era el número de los guerreros turcos que participaron en el sitio de Constantinopla. Algunos piensan que 200.000.000 es el número de todos los guerreros turcos que hubo durante los 391 anos y quince días de su triunfo sobre los griegos."30 Nada se puede afirmar sobre el punto, ni es esencial tampoco.

VERS. 17: Y así vi los caballos en visión, y los que sobre ellos estaban sentados, los cuales tenían corazas de fuego, de jacinto, y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de la boca de ellos salía fuego y humo y azufre.

La primera parte de la descripción puede referirse al aspecto de esos jinetes. En cuanto a su color, el fuego es rojo, pues se dice comúnmente "rojo como el fuego;" el jacinto es azul; y el azufre amarillo. Tales eran los colores que predominaban en la indumentaria de esos guerreros; de manera que la descripción correspondería exactamente al uniforme de los turcos, que se compone mayormente de rojo, o escarlata, azul y amarillo. Las cabezas de los caballos tenían apariencia de cabezas de leones, para denotar su fuerza, su valor y su ferocidad; mientras que la última parte del versículo se refiere indudablemente al uso de la pólvora y las armas de fuego para los fines bélicos, pues dicho uso acababa de iniciarse. Mientras los turcos descargaban sus armas de fuego desde el lomo de sus caballos, ello daba a quien los miraba de lejos, la impresión de que salía fuego, humo y azufre de la boca de los caballos.

Los comentadores concuerdan en que la profecía relativa al fuego, el humo y el azufre se aplica al empleo de la pólvora por los turcos en su guerra contra el Imperio Oriental31 Pero aluden generalmente tan sólo a los grandes cañones empleados por aquella potencia; mientras que la profecía menciona especialmente los "caballos" y el fuego que "salía de la boca de ellos," como si se usaran armas más pequeñas, y eso desde arriba del caballo. Barnes piensa que tal era el caso; y una declaración de Gibbon confirma la opinión. Dice él: "Las incesantes andanadas de lanzas y saetas iban acompañadas del humo, el ruido y el fuego de sus mosquetes y cañones."32 Tenemos aquí una buena evidencia de que los turcos usaban mosquetes; y en segundo lugar es indisputable que en su método general de guerrear peleaban principalmente a caballo. Halla entonces apoyo la inferencia de que usaban armas de fuego a caballo y cumplían con exactitud la profecía según la ilustración ya aludida.

Acerca del uso de las armas de fuego por los turcos en su campaña contra Constantinopla, Elliott tiene esto que decir:

"Al 'fuego y humo y azufre,' a la artillería y las armas de fuego de Mahoma, se debió la matanza del tercio de los hombres, es decir, la toma de Constantinopla, y por consecuencia la destrucción del Imperio Griego. Más de 1.100 arios habían transcurrido desde su fundación por Constantino. Durante ese lapso, los godos, los hunos, los ávares, los persas, los búlgaros, los sarracenos, los rusos y aun los mismos turcos otomanos habían lanzado contra ella sus asaltos hostiles o la habían sitiado. Pero las fortificaciones les resultaron inexpugnables. Constantinopla sobrevivió, y con ella el Imperio Griego. De ahí la ansiedad que sentía el sultán Mahoma por hallar algo que eliminara el obstáculo. Preguntó al fundidor de cañones que desertó y se pasó a su lado: '¿Puedes fundirme un cañón de tamaño suficiente para derribar la muralla de Constantinopla?' Entonces se estableció la fundición de Andrinópolis, se fundió el cañón, se preparó la artillería, y el sitio empezó.

"Merece observarse cómo Gibbon, siempre comentador inconsciente de la profecía apocalíptica, coloca en primer plano de su cuadro este nuevo instrumento de guerra, en su elocuente y vívida narración de la catástrofe final del Imperio Griego. En su preparación para ello, da la historia de la reciente invención de la pólvora, 'aquella mezcla de salitre, azufre y carbón de leña;' habla, como ya se ha dicho, de la fundición de cañones en Andrinópolis; luego, en el progreso del sitio, describe cómo 'las andanadas de lanzas y saetas iban acompañadas del humo, el ruido y el fuego de los mosquetes y los cañones;' cómo 'la larga hilera de la artillería turca apuntaba contra las murallas, y tronaban catorce baterías a la vez contra los lugares más accesibles;' cómo 'las fortificaciones que habían resistido durante siglos a la violencia hostil fueron desmanteladas por todos lados por los cañones otomanos, se abrieron muchas brechas, y cerca de la puerta de San Román, cuatro torres fueron niveladas a ras del suelo;' cómo 'desde las líneas, las galeras y el puente, la artillería otomana tronaba de todos lados, y tanto el campo como la ciudad, los griegos como los turcos, se veían envueltos en una nube de humo, que sólo podía ser disipada por la liberación final o la destrucción del Imperio Romano;' y cómo finalmente al precipitarse los sitiadores por las brechas, 'Constantinopla quedó irremisiblemente subyugada, su imperio subvertido y su religión pisoteada en el polvo por los conquistadores musulmanes.' Digo que merece observarse cuán señalada y vívidamente Gibbon atribuye la toma de la ciudad y así la destrucción del imperio, a la artillería otomana. Porque ¿ qué hace él si no un comentario de las palabras de la profecía? 'De estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres: del fuego, y del humo, y del azufre, que salían de la boca de ellos.' "33

VERS. 18, 19: De estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres: del fuego, y del humo, y del azufre, que salían de la boca de ellos. Porque su poder está en su boca y en sus colas: porque sus colas eran semejantes a serpientes, y tenían cabezas, y con ellas dañan.

Este versículo expresa el efecto mortífero del nuevo método de guerrear. Mediante esos tres agentes: la pólvora, las armas de fuego portátiles y los cañones, fue vencida finalmente Constantinopla y entregada en manos de los turcos.

Además del fuego, el humo y el azufre que parecían salir de sus bocas, se dice que su poder estaba también en sus colas. El significado de la expresión parece ser que las colas de los caballos eran el símbolo o emblema de su autoridad. Es un hecho notable que la cola de caballo es un bien conocido estandarte turco, el símbolo de un cargo y autoridad. La imagen que vio Juan parece haber consistido en caballos que lanzaban fuego y humo y, lo que era igualmente extraño, vio que su poder de esparcir desolación estribaba en la cola de los caballos. Cualquiera que mirase un cuerpo de caballería con tales estandartes o enseñas se sorprendería de esta apariencia insólita o notable, y hablaría de sus banderas como de lo que concentraba y dirigía su poder.

Esta supremacía de los mahometanos sobre los griegos iba a continuar, como ya se ha indicado, 391 años y quince días. "Comenzando en el momento en que terminaron los 150 años, en 1449, el período había de terminar el 11 de agosto de 1840. A juzgar por la manera en que comenzó la supremacía otomana, a saber por un reconocimiento voluntario de parte del emperador griego de que sólo reinaba por permiso del sultán turco, habríamos de concluir naturalmente que la caída o desaparición de la independencia turca se habría de producir de la misma manera; y que al fin del período especificado [ es decir, el 11 de agosto de 1840] el sultán habría de entregar voluntariamente su independencia en las manos de las potencias cristianas,"34 exactamente como, 391 años y quince días antes, la había recibido de manos del emperador cristiano Constantino XIII.

Esta fue la aplicación que dio a la profecía Josías Litch y la conclusión a la cual llegó en 1838, dos años antes que ocurriera el suceso que esperaba. Predijo en dicho año que la potencia turca caería "en algún momento del mes de agosto de1840;"35 pero pocos días antes del cumplimiento de la profecía concluyó más definidamente que el período concedido a los turcos acabaría el 11 de agosto de 1840. Era un cálculo puramente basado en los períodos proféticos de la Escritura. Es propio preguntarse si los sucesos se verificaron de acuerdo con los cálculos. El asunto se resume como sigue:

¿Cuándo terminó la independencia mahometana en Constantinopla? Desde varios años antes de 1840, había estado el sultán envuelto en una disputa con Mehemet Alí, bajá de Egipto. "En 1838 habría habido guerra entre el sultán y su vasallo egipcio, si no hubiese refrenado a éste la influencia de los embajadores extranjeros.... En 1839 comenzaron de nuevo las hostilidades y siguieron hasta que en una batalla general entre los ejércitos del sultán y Mehemet, el ejército del sultán fue completamente destrozado y su flota capturada por Mehemet y llevada a Egipto. Tan completamente quedó reducida la flota del sultán que cuando comenzaron las hostilidades en agosto, sólo tenía dos barcos de primera línea y tres fragatas como tristes restos de lo que había sido una vez la poderosa flota turca. Mehemet se negaba positivamente a devolver dicha fiota al sultán, y declaró que si las potencias procuraban quitársela, la quemaría. Así estaban las cosas cuando, en 1840, Inglaterra, Rusia, Austria y Prusia intervinieron y resolvieron arreglar la dificultad; porque era evidente que, si se lo dejaba hacer, Mehemet no tardaría en ser dueño del trono del sultán."36

El sultán aceptó esta intervención de las grandes potencias, y así entregó voluntariamente la cuestión a sus manos. Se celebró una conferencia de las potencias en Londres, con la asistencia del jeque Effendi Bey Likgis como plenipotenciario turco. Se preparó, para presentarlo al bajá de Egipto, un acuerdo por el cual el sultán le ofrecería el gobierno hereditario de Egipto, y toda la parte de Siria que se extiende desde el golfo de Suez hasta el lago de Tiberíades, juntamente con la provincia de Acre, por toda su vida. Por su parte, él habría de evacuar todas las regiones de los dominios del sultán que ocupaba entonces, y devolver la flota otomana. En caso de negarse a aceptar el ofrecimiento del sultán, las cuatro potencias tomarían el asunto entre sus manos, y usarían los medios que juzgaran convenientes para imponerle condiciones.

Es obvio que tan pronto como este ultimátum fuese entregado a Mehemet Alí, bajá de Egipto, el asunto escaparía para siempre del control del sultán, y la disposición de sus asuntos estaría desde entonces en las manos de las potencias extranjeras. El sultán envió a Rifat Bey a Alejandría en un vapor del gobierno, para que comunicase el ultimátum a Mehemet Alí. Dicho ultimátum le fue entregado el día 11 de agosto de 1840. El mismo día, en Constantinopla, el sultán dirigió una nota a los embajadores de las cuatro potencias para preguntarles qué plan debía adoptarse en caso de que el bajá se negase a cumplir las condiciones del ultimátum, a lo cual contestaron ellos que habían sido tomadas las medidas necesarias, y que no tenía necesidad de alarmarse acerca de cualquier contingencia que pudiera presentarse.

Las siguientes citas comprueban los hechos:

"Por el vapor francés del 24, hemos recibido noticias de Egipto fechadas el 16. No revelan alteración en la resolución del bajá. Confiado en el valor de su ejército árabe y en la fuerza de las fortificaciones que defienden su capital, parece resuelto a atenerse a la última alternativa; y como es ahora inevitable que se recurra a ella puede considerarse como perdida toda esperanza de que el asunto se arregle sin derramamiento de sangre. Inmediatamente después de la llegada del vapor 'Cyclops' con las noticias de la convención de las cuatro potencias, se dice que Mehemet abandonó Alejandría e hizo una corta jira por el Bajo Egipto. El objeto de su ausencia en tal momento era en parte evitar las conferencias con los cónsules europeos, pero principalmente procurar despertar con su presencia el fanatismo de las tribus beduínas y facilitar el reclutamiento de nuevas fuerzas. Durante el intervalo de su ausencia, el vapor del gobierno turco, que había llegado a Alejandría el día 11, con el enviado Rifat Bey a bordo, estuvo, por sus órdenes, en cuarentena, y no fue liberado de ella hasta el 16. Sin embargo, antes de la salida del barco, y en el mismo día en que se le dió práctica, el ya nombrado funcionario tuvo una audiencia con el bajá y le comunicó la orden del sultán con respecto a la evacuación de las provincias sirias, y se fijó otra audiencia para el día siguiente cuando en presencia de los cónsules de las potencias europeas, recibiría de él su respuesta definitiva, y le informaría de cuál era la alternativa si rehusaba obedecer, dándole los diez días que le concedía la convención para decidir la conducta que considerara propio seguir."37

El corresponsal del Morning Chronicle, de Londres, en una comunicación fechada "Constantinopla, el 12 de agosto de 1840," dice:

"Poco puedo añadir a mi última carta con respecto a los planes de las cuatro potencias; y creo que los detalles que les di entonces componen todo lo que se ha decidido hasta aquí. La porción del bajá, como lo expuse entonces, no se ha de extender más allá de la línea de Acre, y no incluye Arabia ni Candia. F.I Egipto solo ha de ser hereditario en su familia, y la provincia de Acre se ha de considerar como un bajalato que será gobernado por su hijo mientras viva, pero dependerá después de la voluntad de la Puerta; y aun esto último se le concederá con tal que acepte estas condiciones y entregue la flota otomana dentro de un plazo de diez días. En caso de que no lo haga, este bajalato será suprimido. Se le ofrecerá entonces solamente el Egipto, con otros diez días para deliberar antes de emplear la fuerza contra él. Sin embargo, la manera en que se emplearía la fuerza, si se negara a cumplir las condiciones, si se bloquearía simplemente la costa, o si se bombardearía su capital y se atacarían sus ejércitos en las provincias sirias, es lo que queda por saberse; ni tampoco ilumina en lo mínimo este punto una nota entregada ayer por los cuatro embajadores, en respuesta a una pregunta que les hizo la Puerta acerca del plan que se adoptaría en tal caso. Declara simplemente que se han tomado las medidas necesarias, y que el Diván no necesita alarmarse acerca de cualesquiera contingencias que pudieran presentarse después."38

Analicemos las citas que anteceden:

Primero El ultimátum llegó a Alejandría el 11 de agosto de 1840.
Segundo La carta del corresponsal del Morning Chronicle, de Londres, lleva la fecha del 12 de agosto de 1840.
Tercero El corresponsal declara que la pregunta de la Sublime Puerta fue presentada a los representantes de las cuatro grandes potencias, y la respuesta se recibió "ayer." Así que, en su propia capital, "ayer" la Sublime Puerta se dirigió a los embajadores de las cuatro potencias cristianas de Europa para saber qué medidas se habían tomado con referencia a una circunstancia que afectaba vitalmente su imperio; y se le dijo que se habían "tomado las medidas necesarias," pero no pudo saber cuáles eran; aunque se le comunicó que no necesitaba alarmarse "acerca de cualesquiera contingencias que pudieran presentarse." Desde aquel día, "ayer," que era el 11 de agosto de 1840, las cuatro potencias cristianas de Europa, y no la Sublime Puerta, iban a manejar las tales contingencias.

El 11 de agosto de 1840 terminó el plazo de 391 anos y quince días concedido para la duración del poder otomano; y ¿qué sucede con la independencia del sultán? DESAPARECE. ¿A qué manos pasa la supremacía del Imperio Otomano? A las de las cuatro grandes potencias; y ese imperio ha continuado existiendo desde entonces tan sólo por tolerancia de esas potencias cristianas. Así se cumplió la profecía al pie de la letra.

Desde que se publicó por primera vez el cálculo relativo a este asunto en 1838, como se ha referido ya, miles de personas observaron con interés el momento fijado para el cumplimiento de la profecía. Cuando ésta se cumplió con exactitud en el acontecimiento mencionado y se demostró correcta la aplicación que se había dado a la profecía, ello dio gran ímpetu al gran movimiento adventista que comenzaba a atraer la atención del mundo.

VERS. 20, 21: Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, aun no se arrepintieron de las obras de sus manos, para que no adorasen a los demonios, y a las imágenes de oro, y de plata, y de metal, y de piedra, y de madera; las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar: y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.

Dios quiere que los hombres tomen nota de sus juicios y aprendan las lecciones que con ellos quiere enseñarles. Pero ¡cuán tardos son en aprender, y cuán ciegos a las indicaciones de la Providencia! Los sucesos que ocurrieron mientras tocaba la sexta trompeta constituyeron el segundo ay, y sin embargo esos castigos no indujeron a los hombres a mejorar su conducta y moralidad. Los que escaparon no aprendieron nada de su manifestación en la tierra.

Las hordas de sarracenos y turcos fueron soltadas sobre la cristiandad apóstata como azote y castigo. Los hombres sufrieron el castigo, pero no aprendieron lección alguna de él.

1 Alejandro Keith, "Signs of the Times,I tomo 1, págs. 289, 291.

2 Eduardo Gibbon, "The Decline and Fall of the Roman Empire," tomo 4, cap. 46, págs. 463, 464.

3 Id., pág. 466.

4 Alejandro Keith, "Signs of the Times," tomo 1, pág. 293.

5 Eduardo Gibbon, "The Decline and Fall of the Roman Empire," tomo 4, cap. 46, págs. 470-480.

6 Alejandro Keith, "Signs of the Times," tomo I, pág. 295.

7 Eduardo Gibbon, "The Decline and Fall of the Roman Empire," tomo 4, cap. 46, pág. 486.

8 Alejandro Keith, "Signs of the Times," tomo I, pág. 298.

9 Id., pág. 299.

10 Id., pág. 301.

11 Id., pág. 305.

12 Eduardo Gibbon, "The Decline and Fall of the Roman Empire." tomo 5, cap. 51, págs. 189, 190.

13 Alejandro Keith, "Signs of the Times," tomo I, pág. 307.

14 Id., págs. 308, 309.

15 Id., pág. 309.

16 Id., págs. 311. 312.

17 Eduardo Gibbon, "The Decline and Fall of the Roman Empire," tomo 5, cap. 50, págs. 86-88.

18 Alejandro Keith, "Signs of the Times," tomo 1, pág. 312.

19 Ibid.

20 Id., pág. 113.

21 Eduardo Gibbon, "The Decline and Fall of the Roman Empire," tomo 6, cap. 64, pág. 226.

22 Posino, "Observationum Pachymerianarum," libro 3, (Cronología), cap. 8, sec. 5.

23 Id., libro 4, cap. 25.

24 Josías Litch, "Prophetic Expositions," tomo 2, pág. 180.

25 Id., pág. 181.

26 Id., pág. 182.

27 Eduardo Gibbon, "The Decline and Fall of the Roman Empire," tomo 6, cap. 67, pág. 365.

28 Josías Litch, "Prophetic Expositions," tomo 2, pág. 182, 183.

29 Id., pág. 183.

30 Id., págs. 183, 184.

31 Véanse las notas sobre Apocalipsis 9:17 de Adán Clarke, "Commentary on the New Testament," tomo 2, pág. 1.003 ; Alberto Barnes, "Notes on Revelation," pág. 264; "The Cottage Bible," tomo 2, pág. 1.399.

32 Eduardo Gibbon, "The Decline and Fall of the Roman Empire," tomo 6, cap. 68, pág. 388.

33 Eduardo B. Elliott, "Horae Apocalypticae," tomo 1, págs. 478, 479.

34 Josías Litch, "Prophetic Expositions," tomo 2 pág. 189.

35 Josías Litch, "Prophetic 35 Josías Litch, "The Probability of the Second Coming of Christ A.D. 1843," pág. 157.

36 Id., págs. 192, 193.

37 "Morning Chronicle," de Londres, 18 de septiempre, 1840, extracto de una carta del corresponsal fechada "Constantinopla, 27 de agosto, 1840."

38 Id., 3 de septiembre, 1840.


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